«Se puede ser moderno y profundamente fiel a Jesucristo», afirmaba Juan Pablo II en mayo de 2003 en su última
visita a España. La carrera de Bono, cantante del grupo U2, uno de los grupos que más seguidores arrastra en todo el
mundo, se ha caracterizado siempre por un fuerte compromiso con las causas humanitarias. En esta entrevista al diario
Avvenire, cuenta el origen de su empeño humanitario y su relación con la fe y la religión.
¿Qué significa la música
para usted? Es mi manera de hablar
al mundo y a los jóvenes. No olvido mis
orígenes ni el hecho de que, más allá de
los estadios y del mundo en el que vivo
ahora, existe otro mundo de pobreza,
miseria y desesperación.
¿A quién quiere representar? A todos aquellos países que, por
pagar los interesas de su deuda externa,
no pueden financiar hospitales, escuelas,
institutos de investigación. Represento
a los millones de personas que están
enfermas de sida y que se mueren de
hambre.
¿Por qué, según usted, los países
ricos deben financiar la investigación
contra el sida y apoyar a las empresas
farmacéuticas para que reduzcan el precio
de los medicamentos? Porque es una cuestión de seguridad
mundial, y porque, combatiendo
esta batalla –que, a diferencia de
otras, puede ser ganada–, la imagen de
Occidente puede ser rehabilitada a los
ojos del tercer mundo. Vivimos en un
mundo en el que 6.500 africanos mueren
cada día a causa de una enfermedad que
puede ser erradicada. Traer un mínimo
de justicia: éste es el resultado que pretendo
obtener.
¿Cómo se convirtió este empeño
humanitario en su filosofía de vida? Por la desesperación de un padre
etíope que me suplicó que me llevara
conmigo a su hija de pocos meses, para
que sobreviviese a la hambruna. En él
vi a Jesús.
¿Qué piensa de Jesús? Pienso que es el Hijo de Dios. Lo
pienso así, por extraño que pueda parecer.
¿Cuál es su relación con la religión? En la vida de cada hombre, llega un
momento en el que comienza a reflexionar
sobre sí mismo, sobre el hecho de
que un tercio de la población mundial
sufre hambrunas. Yo soy un cantante
superpagado, y puede parecer una contradicción,
pero estas contradicciones
pueden generar nueva vida. Acerca de
Dios, pienso que no puede ser abarcado
por el hombre; es más grande, más vasto
y más profundo que todo aquello que
podamos pensar sobre Él. Si buscas a
Dios, búscalo entre los pobres; allí lo
encontrarás. Soy creyente, y quiero llevar
un poco del Paraíso a esta tierra.
Usted conoció a Juan Pablo II ¿Qué
recuerda de aquel encuentro? Un gran hombre. Cuando nos encontramos,
hablamos del empeño humanitario,
de la deuda externa, de la guerra en
Iraq y en Afganistán. Se hizo fotografiar
con mis gafas de sol que le regalé, y yo
llevo conmigo una copia del rosario que
me dio; el original lo tiene mi mujer,
Ali. También me felicitó por los nombres
de mis hijos, todos sacados de la
Biblia: Eve, Jordan, Elijah y John (Eva,
Jordán, Elías y Juan).
¿Usted se considera un político, un
músico, un humanista, o simplemente
un idealista? Me gustaría considerarme un trabajador
humanitario que hace música. A
mí me critican porque me consideran
de izquierdas, y también lo hacen por
considerarme de derechas –quizá porque
trato con políticos como Bush–.
A mí me interesa ayudar a los que
sufren, a los últimos, para decirlo con
palabras cristianas. Los ochenta fueron
años desastrosos, porque todo se movía
por las ideologías, sea de izquierda o
de derecha. Hoy, esto no tiene sentido.
Está claro que el marxismo, nacido en
la onda de la Revolución Industrial del
siglo XIX, no puede ser aplicado al
mundo moderno; pero tampoco el liberalismo
y la economía capitalista, que
hoy están superados.
Entonces, ¿qué queda? La religión. En la Biblia hay más de
2.100 versículos que hablan de la pobreza.
Las personas que Juan Pablo II atraía
cada vez que se movía eran mucho más
numerosas que las que puede movilizar
en sus conciertos U2, o cualquier otro
grupo de música actual.
¿Qué piensa de Bush?
Recientemente, ha elogiado cómo
utiliza su popularidad para hacer buenas
obras.
Él ha aceptado ayudar en la causa
que lleva la organización que he fundado,
haciendo aprobar una ley que destina
485 millones de dólares a la lucha
contra el sida. Los Gobiernos occidentales
no destinan suficientes fondos para
lo que es la nueva lepra del siglo XXI, ni
tampoco para financiar la investigación
en la lucha contra la malaria. Todo esto
Dios no lo aceptaría. Y si, para combatir
el sida, el hambre y la malaria debo
fotografiarme con Bush, lo haré.
Fuente: alfayomega.es | Autor: Piergiorgio Pescali | Fecha: 07/09/06
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