Chusca venganza de la Junta de
Andalucía
La Junta de
Andalucía ha ordenado a un colegio de Baeza,
Jaén, la retirada de todos los crucifijos de un
colegio.
La circular que hizo pública el centro explica que se
contempla
una excepción: “la clase de
Religión”, y
añade con sorna: “mientras ésta
todavía
exista”.
La cosa no acaba ahí, sino que la Junta prohíbe
la
celebración de cualquier tipo de actividad extraescolar
relacionada con la Religión. Adiós belenes. Y ya
veremos
si la cosa sigue adelante y empezamos con la Semana Santa...
No parece casual que esta decisión llegue inmediatamente
después de la Nota de los obispos andaluces
en la que se critican ciertos aspectos del proyecto de reforma del
Estatuto andaluz. Pero esta actitud de la Junta, que merece los peores
calificativos, no puede hacernos perder de vista que éste no
es
en absoluto un hecho aislado, y no sólo –ni hasta
ahora
principalmente- en España.
Un progenitor
A o B
se siente ofendido en su sensibilidad porque sus hijos van a una
escuela pública ¡donde hay crucifijos! Este
señor/a
A o señor/a B critica que se expongan en el espacio
público, que es de todos, símbolos de una fe que,
en su
opinión y la de muchos, deben quedar relegados al
ámbito
de lo privado. Las ideas anticatólicas de esta persona, por
el
contrario, sí deben merecer todo el amparo de la
Administración Pública, aunque sea a cambio de
recortar
derechos a los católicos.
El meollo del debate está en el artículo 16.3 de
la
Constitución: “Ninguna confesión
tendrá
carácter estatal”, que es en lo que se ampara la
corriente
de opinión laicista. Se olvida, sin embargo, que este
artículo añade de inmediato: “Los
poderes
públicos tendrán en cuenta las creencias
religiosas de la
sociedad española”. En este caso, lo que se ha
tenido en
cuenta son los prejuicios anticatólicos de un progenitor,
que
tendrá sin duda a otros padres de su lado, pero
también a
muchos otros en contra.
La aconfesionalidad del Estado, que tuvo en España su
principal
valedor en la Iglesia, se refiere a la no imposición de un
credo
–o una ideología, ojo- a los ciudadanos. Pero una
lectura
torticera pretende transmutar su significado en belicosidad hacia
cualquier manifestación religiosa, o mejor dicho
católica.
Es inevitable que la educación esté impregnada de
una
visión del mundo. La católica, además,
proclama su
universalidad. Y refútelo quien pueda, pero sepa que su
pretensión de que todas las culturas y religiones son
relativas
será también universal. ¿Aceptamos
entonces una
cosmovisión sí y otra no en la escuela
pública?
La educación es un terreno muy sensible en el que se
reflejan
los ataques contra la libertad religiosa de una ideología
con
pretensiones totalitarias. Varios altos cargos del Gobierno y del
Partido Socialista encabezaron la última
manifestación
del Orgullo Gay junto a pancartas y manifestaciones absolutamente
ofensivas hacia Cristo y hacia la Iglesia. No pasó nada. La
libertad se antepuso al derecho al honor y a la propia imagen.
¿Pero qué hubiera sucedido si los millones de
personas
que salieron a las calles en defensa del matrimonio hubieran actuado
recíprocamente?
La pregunta no es retórica. Estados Unidos, que suele marcar
las
tendencias de futuro del mundo entero, ha iniciado una peligrosa senda
de recortes en la libertad religiosa, tal como expone un reciente
artículo en The Weekly Standard.
Un bibliotecario ha sido denunciado por recomendar un libro pro familia
escrito por un senador, que, por lo visto, hirió la
sensibilidad
de algunos profesores. Y, como publicó en su día Análisis Digital,
varias personas han sido despedidas de sus empresas por oponerse al
llamado “matrimonio homosexual”. Varios expertos
prevén que el tratamiento que merecerá la
oposición a esas uniones será similar al que
deparan hoy
la sociedad y las leyes norteamericanas a las manifestaciones de
racismo.
El panorama parece sombrío. Pero no debemos ser
tremendistas.
Tiempos ha habido mucho más difíciles. La Junta
de
Andalucía, que gustosamente daría por muerta la
Religión (“…mientras ésta
todavía
exista”), debería recordar que eso dijeron otros
no hace
10 ni 15 ni 50 años, sino –así, a ojo-
1.970
años.
Fuente: analisisdigital.com
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Autor: J. Cabeza de Vaca | Fecha:
26/05/06
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