Cómo encontrar a Dios en los
«blogs»
El padre Antonio Spadaro, SJ,
redactor de la revista italiana «La Civiltà
Cattolica», acaba de publicar el libro «Conexiones,
nuevas formas de la cultura en tiempos de Internet»
--«Connessioni, Nuove Forme della cultura al tempo di
internet» (Pardes Edizioni).
En el prólogo, Xavier Debanne, directivo de Siemens
Informatica S.A, y profesor del Centro Interdisciplinar de
Comunicación Social de la Universidad Pontificia Gregoriana
de 2002 a 2004, escribe que el libro del padre Spadaro «anima
a reflexionar sobre la fenomenología del encuentro con
Internet, en cuanto lugar frecuentado por millones de personas cada
día, espacio que nadie posee y que favorece las
conexiones».
«Este espacio se ha convertido en un ambiente cultural y
educativo, frecuentado por millones de personas, creyentes o no, y es
para la Iglesia una formidable oportunidad de comunicación,
porque permite multiplicar los enlaces, ya sean conexiones personales o
la creación de nuevas formas de agrupamiento
social», afirma Debanne.
En esta entrevista concedida a Zenit el padre Antonio Spadaro explica
la influencia que la red, y en particular los «blogs»
(o bitácoras)
ejercen en la cultura y en el modo de vivir la religión,
abriendo espacios antes inexistentes de diálogo
interreligioso y teológico.
--¿Está
Dios en los blogs? ¿Qué hay que hacer para
encontrarlo?
--Padre Spadaro: En Internet se nota un aumento de necesidades
religiosas. En mi libro hablo sobre el fenómeno, hago notar
sus riesgos (pienso, por ejemplo en las llamadas
«ciberreligiones» y las sectas), pero sobre todo
trato de señalar los desafíos que hay que mirar
con optimismo y discernimiento: la respuesta a las necesidades
religiosas más auténticas. El
«blog», término nacido de la
contracción de dos palabras inglesas, web y log (diario), es
una de las realidades más interesantes de la Red. Es un
«diario en la Red». Quien tiene uno, escribe cada
día pensamientos, ideas, notas, pero también
auténticas y extensas reflexiones, incluso muy
lúcidas. Cada «blog» está
unido a otros «blogs» y todos juntos constituyen un
verdadero sistema, definido por lo común como
«blogsfera».
¿Existe Dios en estos mundos de los diarios en red? Aunque
el dato sea muy relativo, hay cerca de 130 millones de
páginas web en las que aparecen juntas las palabras
«God» (Dios, en inglés) y
«blog». Si buscamos «blogs»
religiosos en la web mundial observamos un aumento continuo de
presencias. No faltan ideas estimulantes. La revista «Christianity today» habla de una verdadera
«revolución teoblógica» y de
«blogsfera cristiana». Es muy variada e incluye
espacios de reflexión y debate teológico entre
estudiantes, «blogs» ligados a revistas cristianas,
espacios personales, incluso de pastores y sacerdotes de
inspiración religiosa.
--¿Es
posible recorrer un camino espiritual en red?
--Padre Spadaro: El hombre en búsqueda de Dios hoy se pone
también frente a una pantalla e inicia una
navegación. Queda el riesgo de hacerse la ilusión
de que lo sagrado y lo religioso está al alcance del
«ratón»: basta un clic para pasar de un
sitio de neobrujería al de una aparición mariana,
o de un templo neopagano a un sitio de cristianos tradicionalistas. La
red, por el hecho de que contiene de todo, puede compararse a una
especie de gran supermercado de lo religioso. La Iglesia en cambio no
es nunca un «producto» de la
comunicación.
La fe, además, no está hecha sólo de
información ni es lugar de mera transmisión, es
decir no es sólo una emisora. Y, sin embargo, al observar
esta proliferación de lo religioso en la red es posible
hacerse una idea de la necesidad profunda de Dios que agita el
corazón humano, siempre vivido de manera a menudo alienante
y distorsionada. Darse cuenta de estas exigencias significa aprender a
moverse en este ambiente digital de manera apropiada, proponiendo
iniciativas adecuadas: la posibilidad de un diálogo
espiritual, de tener puntos de meditación publicados de
manera periódica, o enviados vía correo
electrónico, y otras iniciativas.
--¿La
falta de una relación que no sea virtual no es un
límite grave?
--Padre Spadaro: El motivo que impulsa a entablar relaciones en red
depende del tipo de relación que se crea. Presenta a la vez
elementos contradictorios. En sí mismo es anónimo
e impersonal, ya que cada uno puede hacer creer lo que no es en cuanto
a edad, sexo, profesión, expresándose sin los
límites que da la propia identidad pública. En la
red, se dialoga como «aquél que uno quiere
ser». Precisamente por esto el diálogo es
también muy confidencial porque permite decir de
sí mismo cosas que de otro modo una persona
difícilmente diría en su papel cotidiano. Se
puede dar una apertura completa y un gran nivel de autenticidad pero,
por otra parte, se puede también caer en una espontaneidad
sin límites y sin pudor. El ciberespacio es un lugar
emotivamente caliente y no álgidamente
tecnológico, como podría pensarse.
La relación en la red por tanto puede ser anónima
pero también extremamente «verdadera».
Sin embargo, siempre hay que recordar que la Iglesia es espacio de
comunicación y testimonio vivido del mensaje que se anuncia.
Las relaciones en la red en cambio corren el riesgo de acostumbrar a la
inutilidad de la mediación, encarnada en un cierto momento o
lugar y, por tanto, a la inutilidad del testimonio y la
comunicación con autoridad. Benedicto XVI lo
subrayó recientemente: se debe «lamentablemente
constatar que no siempre hoy las nuevas tecnologías y los
medios de comunicación favorecen las relaciones
personales» (Discurso al encuentro
«Univ2006»). Por tanto, la relación en
la red hay que considerarla como una oportunidad que hay que acoger con
espíritu confiado, pero también de atento
discernimiento, en particular, viendo si crea relaciones
«verdaderas». Sucede a menudo que, cuando una
relación iniciada en la red se hace significativa, luego
impulsa al encuentro real. Empieza a no ser raro encontrar personas con
dirección espiritual o incluso en camino vocacional que han
iniciado su itinerario en red.
--
¿Es posible llevar a cabo un diálogo
teológico?
--Padre Spadaro: Si la red puede ser lugar de diálogo
espiritual, también ciertamente puede abrir al
diálogo interreligioso y teológico, espacios que
antes no existían. La articulación
crítica y la mediación del saber de la fe, que es
la tarea primera de la teología, se realiza siempre en un
contexto de pensamiento, lenguaje, imágenes, cultura y, por
tanto, de «comunicación». La red provoca
una mutación en el modo de vivir las instancias de
comunicación y de comunión. Pensamos en la
comunicación constante entre personas que trabajan en una
misma idea que, sin embargo, viven en diversas partes del mundo y que
no se conocen personalmente. Realizan mutuamente, si entran en una
fuerte relación, una especie de «conciencia
común». Esto ciertamente tiene repercusiones en el
ámbito teológico, tanto más si la
comunicación se da entre personas que, por cultura y
formación, usan metáforas, imágenes y
lenguajes diferentes para hablar de Dios y comunicar la fe.
¿Qué efectos tendrá esto sobre el
conocimiento y la comunicación teológica? Es una
pregunta que afecta a la teología a varios niveles. Los
primeros niveles son ciertamente los del estudio, que usa
teorías, modelos, métodos de la ciencia de las
comunicaciones capaces de ayudar a la propia reflexión sobre
la fe y a la manera de comunicar la teología. Un modelo de
teología de la Revelación de tipo
«verbal», que encuadra al hombre como
«oyente de la Palabra» y, si queremos, el modelo de
la antena parabólica apuntada al cielo, o el del
hombre-radar, corren el riesgo de no ser tan explícitos como
en el pasado. Si antes, el hombre era
«visualizable» como un ser en búsqueda
de una respuesta a su vida, se le puede enmarcar más bien
como una persona en espera de elegir, seleccionar, discernir, ante la
respuesta más adecuada y satisfactoria. Debe, en resumen,
aprender tanto a buscar como a encontrar. La red ofrece a la
teología nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, lanza
desafíos tanto de tipo metodológico como
especulativo.
--En un
capítulo, usted habla de la red como modelo de Iglesia,
¿por qué?
--Padre Spadaro: Las relaciones en la red funcionan si las conexiones
están siempre activas: en el momento en que un nodo o una
conexión se interrumpiera, la información no
pasaría y la relación sería imposible.
Si se piensa en la vid, en la que por los sarmientos corre la misma
savia, nos damos cuenta de que no estamos muy lejos de la imagen de
Internet. Por tanto, la red es una imagen de la Iglesia, en la medida
en que se la entiende como un cuerpo vivo, si todas sus relaciones
internas son vitales.
Por otra parte, la universalidad de la Iglesia y la misión
del anuncio «a todas las gentes» refuerzan la
percepción de que la red pueda proporcionar un modelo de un
cierto valor eclesiológico.
Pero la imagen puede resultar ambigua: la Iglesia no podrá
nunca ser entendida únicamente como una «comunidad
virtual», ni «reducirse» a una red
autorreferencial. La Iglesia no es una red de relaciones inmanentes,
sino que tiene siempre un principio y un fundamento
«externo». Si las relaciones en red dependen de la
presencia y del eficaz funcionamiento de los instrumentos de
comunicación, la comunión eclesial es
radicalmente un «don» del Espíritu.
Fuente: zenit.org | Autor: Padre Antonio Spadaro | Fecha: 30/04/06
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