Los descubrimientos científicos avalan
el respeto ético al embrión
Los nuevos datos
científicos sobre el embrión van a favor de que
se le otorgue el respeto ético garantizado a toda vida
humana. Así se puso en evidencia durante la XII Asamblea
general de la Academia Pontificia para la Vida,
celebrada en Roma los días 27 y 28 de febrero. Los
trescientos cincuenta participantes centraron su atención en
los principales aspectos científicos y bioéticos
relacionados con "El embrión humano en la fase de
preimplantación".
Entre las aportaciones científicas figuraban algunas de
embriología comparada, como la de la profesora Magdalena
Zernicka-Goetz, de Cambridge, que trató de la estructura
compleja del embrión inicial. Partiendo de sus estudios
sobre ratones, mostró que, frente a la idea de que
embrión es solo una estructura amorfa e indeterminada, se
empieza a comprobar que desde el primer momento está dotado
de planos y ejes, de un proyecto que se realiza conforme a un plan
determinado.
La profesora Zernicka-Goetz afirmó que hay datos que indican
que la fase de totipotencia celular es mucho más limitada de
lo que se imaginaba. La nueva visión sugiere que cada parte
del embrión dará lugar a una parte determinada
del cuerpo definitivo. Esto confiere al embrión una
personalidad biológica muy superior de la que se sospechaba
hace tan solo unos años.
También es más precoz de los que se
creía la actividad genética y
bioquímica del embrión. Según la
profesora Gigliola Sica, de la Universidad del Sacro Cuore de
Milán, hasta ahora se pensaba que la activación
génica del embrión ocurría en la fase
de ocho células y de modo muy rudimentario, pero se ha visto
que ya desde el principio el número de genes activados es
muy alto. Se refirió también al
diálogo molecular entre embrión y madre, y a
cómo el proceso de migración a través
de la trompa –que se consideraba una simple
"navegación"– conlleva en realidad una serie de
mensajes que llegan a convertirse en verdadera sinfonía en
el momento de la anidación.
Es un tema en el que existe una intensa investigación por
razones opuestas. Por una parte, conocer a fondo el mecanismo de la
implantación ayudará a vencer muchos problemas de
esterilidad, que se deben precisamente al fracaso de la
implantación. Y por otra, algunos laboratorios
farmacéuticos están interesados en el
conocimiento de esos mecanismos con el fin de diseñar
fármacos de efecto abortivo que impidan la
anidación. En todo caso, los nuevos datos sobre el
protagonismo del embrión pone en crisis el eslogan feminista
radical de los años setenta de "mi cuerpo es
mío", pues se demuestra que el embrión modifica
la fisiología de la mujer, hasta el punto de convertirse en
una especie de "director de orquesta" que nueve meses más
tarde llegará incluso a determinar el momento del parto.
Por lo que se refiere al diagnóstico preimplantatorio, el
profesor Carlo Valerio Bellieni, de Siena, manifestó que en
la actualidad no tiene la finalidad de curar sino de eliminar a los
concebidos que presenten ciertas anomalías, incluso
triviales.
En este sentido, propuso el concepto de "handifobia", la fobia al
handicap. Se trata de una nueva cultura eugenista que no se impone ya
desde el Estado, al estilo nazi, sino por iniciativa privada,
impidiendo el nacimiento, por ejemplo, de los niños con
síndrome de Down. El resultado final es idéntico:
la eliminación de todo ser que tenga una tara
genética. Una dirección totalmente opuesta fue la
presentada por la profesora Marie-Odile Rethore, del Instituto
Jérôme Lejeune, basada en su experiencia sobre
cómo comunicar a los padres los handicaps de sus hijos
Benedicto
XVI: "La vida humana es siempre un bien"
En el discurso que dirigió a los participantes en el
congreso, Benedicto XVI tomó pie de la escena de la
visitación de María a su prima Isabel para
subrayar el sentimiento de admiración por el hombre apenas
concebido que se desprende del texto evangélico. La Sagrada
Escritura "muestra el amor de Dios por cada ser humano, antes incluso
de que se forme en el seno de la madre". "El amor de Dios no hace
distinciones entre el ser humano recién concebido y que se
encuentra en el seno materno, y el niño, o el joven, o el
hombre maduro o el anciano, porque en cada uno de ellos ve la huella de
la propia imagen y semejanza".
El Papa añadió que "este amor sin
límites y casi incomprensible de Dios por el ser humano
revela hasta qué punto la persona humana es digna de ser
amada en sí misma, independientemente de cualquier otra
consideración (inteligencia, belleza, salud, juventud,
integridad, etc.). En definitiva, la vida humana es siempre un bien".
"En el ser humano, en cada ser humano, en cualquier fase o
condición de su vida, resplandece un reflejo de la misma
realidad de Dios. Por eso, el magisterio de la Iglesia ha proclamado
constantemente el carácter sagrado e inviolable de cada vida
humana, desde su concepción hasta su fin natural. Este
juicio moral vale ya en el inicio de la vida de un embrión,
antes de que se implante en el seno materno".
Fuente: aceprensa.com
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Autor: Diego Contreras | Fecha: 08/03/06
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