11 de junio día "Pro Orantibus": en el
corazón de
la Iglesia y del mundo,
escuelas de fe y parábola de comunión
Las diversas formas de Vida
Consagrada son para todo el Pueblo de Dios
una
gracia con la que el Señor nos be ndice a cada
generación cristiana.
Efectivamente, son visibles y palpables los espacios en los que el
ardor misionero
de una evangelización eclesial
explícita, el
trabajo educativo con niños y jóvenes,
la solicitud caritativa hacia los pobres, los enfermos o los ancianos,
llenan
hermosas páginas de testimonio evangélico. Pero
hay una presencia especial que
por su peculiar índole, la Iglesia quiere subrayar de un
modo particular: los monjes
y monjas contemplativos. Para todas las formas de Vida Consagrada
tenemos
ya una jornada mundial común el día 2 de febrero,
pero para los contemplativos
la Iglesia señala una fecha propia, celebrada –y
no por casualidad– el domingo de
la Santísima Trinidad: es la Jornada Pro Orantibus, la
Jornada por aquellos que
oran. Se trata de una cita discreta y silenciosa con cuantos discreta y
silenciosamente
oran por toda la Iglesia y la Humanidad.
Este año se subraya
en el lema de la Jornada que ellos son
un reclamo, una
escuela de fe y de comunión en el corazón de esta
Iglesia y de este mundo. Sus
vidas han sido elegidas por el Señor, es decir, no se han
elegido a sí mismas. Y es
en y ante esa llamada que pronuncian los labios creadores de Dios, como
ellos se
descubren hermanos y como se atreven a presentarse precisamente como
una
parábola de honda fraternidad. Como dice la
Exhortación Vita Consecrata, “los
monasterios han sido y siguen siendo, en el corazón de la
Iglesia y del mundo, un
signo elocuente de comunión, un lugar acogedor para quienes
buscan a Dios y las
cosas del espíritu, escuelas de fe y verdaderos laboratorios
de estudio, de dialogo
y de cultura para la edificación de la vida eclesial y de la
misma ciudad terrena,
en espera de aquella celestial” (n.16).
Por eso, cuando vemos que no
es fácil la unidad entre los
pueblos y entre las
personas, los contemplativos nos ofrecen sus vidas como esa saludable
parábola
que enseña y comenta sin palabras el deseo de
Jesús: Padre, que todos sean uno
para que el mundo crea (Jn 17). Como dice el Papa Benedicto XVI en su
encíclica,
“el Espíritu es la fuerza que transforma el
corazón de la Comunidad eclesial
para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer
de la humanidad,
en su Hijo, una sola familia. Toda la actividad de la Iglesia es una
expresión
de un amor que busca el bien integral del ser humano” (Deus
Caritas est, 19). Este
es el testimonio de los contemplativos y su quehacer intercesor, desde
esa escuela
de fe y de comunión que representan sus respectivos
monasterios claustrales. Por
este motivo, en esta Jornada Pro Orantibus, nos unimos al
reconocimiento agradecido
de toda la Iglesia por estos buenos hermanos y hermanas que nos acercan
en
su fidelidad a la llamada recibida, el deseo de Jesús de
vivir la comunión.
Fuente: conferenciaepiscopal.es
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Autor: † Jesús Sanz Montes (Pte.
Comisión Episcopal para la Vida Consagradas)
| Fecha:
26/05/06
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