¿Supresión de símbolos religiosos
en los colegios?: Carta de Presencia Cristiana publicada en la
sección Tribuna Abierta de ABC Córdoba (12/07) sobre la
solicitud de retirada de símbolos religiosos de los centros
educativos públicos
Con respecto a las diferentes noticias que
se vienen difundiendo en los medios de comunicación sobre la
supresión de símbolos religiosos en los centros escolares
públicos, la Asociación Presencia Cristiana de
Córdoba quiere hacer las siguientes consideraciones:
Nuestra sociedad, por tener hondas
raíces cristianas, acepta con naturalidad la presencia de
símbolos religiosos en nuestras vidas: Cruz de mayo, Semana
Santa, romerías...
Desde esa perspectiva de inserción
natural de lo religioso en la vida social, la votación en la que
la Junta de Personal Docente no universitario de Córdoba se ha
pronunciado, por cierto, con escasa mayoría, por la
supresión de la simbología religiosa en los colegios e
institutos de titularidad pública, demuestra la falta de
«conexión» de esa instancia con la realidad
educativa de los centros escolares: en aquellos en los que subsisten
algunos símbolos religiosos, estos son aceptados con naturalidad
por la inmensa mayoría de la Comunidad Escolar (padres,
profesores y alumnos), sin que exista conflictividad por este motivo.
Por otra parte, la petición de la Junta de Personal Docente
ignora el sentir mayoritario en los centros escolares, donde cada
año tiene lugar un pronunciamiento explícito de los
padres, que en una mayoría superior al 80% solicitan, a la hora
de la matrícula, la enseñanza católica para sus
hijos. En cambio, la polémica ha surgido a partir de la
petición de un escaso número de padres.
Tengamos presente que vivimos en un Estado
aconfesional que, aunque no se apropia ni reconoce ninguna
confesión concreta, debe respetar las diferentes confesiones y
religiones. En la práctica, sin embargo, parece que existen
intereses por parte de algunos en transformarlo en un Estado laicista,
tratando de eliminar toda presencia pública de lo religioso en
la sociedad. Es evidente que si lo que pretenden algunos es el cambio
de modelo de Estado, la mejor forma de conseguirlo es empezar actuando
en los centros educativos, pues es ahí donde se forman las
conciencias de los niños y adolescentes que son el futuro de
nuestra sociedad. Y todos sabemos que la semilla de hoy será la
cosecha de mañana.
Uno de los argumentos que se vienen esgrimiendo para apoyar la retirada
de lo religioso de los espacios públicos descansa en la
neutralidad que debe tener el Estado respecto a las religiones. Y
está bien que esa neutralidad exista. Pero debemos entender que
la neutralidad no es ausencia de ideologías ni de creencias. No
hay nadie sin ideología. Bajo el manto de una falsa neutralidad
moral, la pretensión de arrinconar lo religioso en el
ámbito privado encubre una imposición ideológica
de corte laicista.
La religión católica,
mayoritaria en nuestro país y con la que los poderes
públicos tendrán relaciones de cooperación, como
aparece en el artículo 16.3 de nuestra Constitución,
transmite con sus símbolos -y más expresamente con el de
Jesús Crucificado- mensajes de paz, concordia, respeto y
esperanza, valores comunes a toda la sociedad, independientemente de
cualquier ideología o creencia.
¿Por qué molesta el recuerdo
de un Hombre víctima de los poderosos que vino a traer la
revolución de las conciencias? Como dijera don Miguel de
Unamuno, «La presencia del
crucifijo en las escuelas no ofende a ningún sentido ni
aún a los de los racionalistas y ateos, y el quitarlo ofende al
sentimiento popular hasta de los que carecen de creencias confesionales».
Pero, en este contexto, conviene recordar que la fe de los cristianos
se sostiene en la Cruz que no se ve y que, por tanto, se pueden quitar
todos los símbolos que se quiera, que no nos pueden herir. Como
dice un bello poema:
Cruces de hierro doblará tu hoguera.
De cruces de madera
puedes barrer los campos y los suelos.
Nuestra Cruz no es aquella que en los cielos
se recorta, ni aquella de alabastro, ni aquella de zafir.
Nuestra Cruz es el corte de dos puros anhelos...
Y no tiene volumen donde poderla herir.
Con independencia de las razones de verdad
y justicia anteriormente expuestas, todos los cristianos podemos
«aceptar con paz el hecho de no ser aceptados por todos»,
aunque ello no significa que estemos dispuestos a no hacer uso de los
mismos derechos civiles que otros reclaman para sí mismos.
Fuente: Presencia Cristiana
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Autor: Vocalía de comunicación | Fecha:
12/07/06
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