La familia, eje del mensaje de esperanza de
Benedicto XVI en el Encuentro Mundial de las Familias
La esperada homilía
pronunciada por Benedicto XVI durante la misa conclusiva que
presidió en la Ciudad de las Artes y las Ciencias el Encuentro
Mundial de las Familias, gravitó sobre el mismo
eje central de sus discursos del sábado: el matrimonio indisoluble entre el hombre y la
mujer como origen de la familia. Benedicto XVI
desgranó durante su homilía los fundamentos que
sustentan este mensaje y que se reproducen a continuación.
Comunidad de
generaciones. En los testimonios bíblicos la
familia comprende no sólo a padres e hijos, sino
también a los abuelos y antepasados. La familia se nos
muestra así como una comunidad de generaciones y garante de
un patrimonio de tradiciones. Ningún hombre se ha dado el
ser a sí mismo ni ha adquirido por sí solo los
conocimientos elementales para la vida. Todos hemos recibido de otros
la vida y las verdades básicas para la misma, y estamos
llamados a alcanzar la perfección en relación y
comunión amorosa con los demás. La familia,
fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer,
expresa esta dimensión relacional, filial y comunitaria, y
es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad,
crecer y desarrollarse de un modo integral.
Derecho y
deber de transmitir un don. Cuando un niño
nace, a través de la relación con sus padres
empieza a formar parte de una tradición familiar, que tiene
raíces aún más antiguas. Con el don de
la vida recibe todo un patrimonio de experiencia. A este respecto, los
padres tienen el derecho y el deber inalienable de transmitirlo a los
hijos: educarlos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la
vida social, en el ejercicio responsable de su libertad moral y de su
capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados
y, sobre todo, en el encuentro con Dios. Los hijos crecen y maduran
humanamente en la medida en que acogen con confianza ese patrimonio y
esa educación que van asumiendo progresivamente. De este
modo son capaces de elaborar una síntesis personal entre lo
recibido y lo nuevo, y que cada uno y cada generación
está llamado a realizar.
Venimos de
nuestros padres y de Dios. Venimos ciertamente de nuestros
padres y somos sus hijos, pero también venimos de Dios, que
nos ha creado a su imagen y nos ha llamado a ser sus hijos. Por eso, en
el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un
proyecto del amor de Dios. Es lo que nos ha revelado Jesucristo,
verdadero Hijo de Dios y hombre perfecto. Él
conocía de quién venía y de
quién venimos todos: del amor de su Padre y Padre nuestro.
El individuo
aislado. En la cultura actual se exalta muy a menudo la
libertad del individuo concebido como sujeto autónomo, como
si se hiciera él sólo y se bastara a
sí mismo, al margen de su relación con los
demás y ajeno a su responsabilidad ante ellos. Se intenta
organizar la vida social sólo a partir de deseos subjetivos
y mudables, sin referencia alguna a una verdad objetiva previa como son
la dignidad de cada ser humano y sus deberes y derechos inalienables a
cuyo servicio debe ponerse todo grupo social.
Educación
en libertad. La Iglesia no cesa de recordar que la
verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a
imagen y semejanza de Dios. Por ello, la educación cristiana
es educación de la libertad y para la libertad.
«Nosotros hacemos el bien no como esclavos, que no son libres
de obrar de otra manera, sino que lo hacemos porque tenemos
personalmente la responsabilidad con respecto al mundo; porque amamos
la verdad y el bien, porque amamos a Dios mismo y, por tanto,
también a sus criaturas. Ésta es la libertad
verdadera, a la que el Espíritu Santo quiere
llevarnos».
El desarrollo
auténtico. La alegría amorosa con la
que nuestros padres nos acogieron y acompañaron en los
primeros pasos en este mundo es como un signo y prolongación
sacramental del amor benevolente de Dios del que procedemos. La
experiencia de ser acogidos y amados por Dios y por nuestros padres es
la base firme que favorece siempre el crecimiento y desarrollo
auténtico del hombre, que tanto nos ayuda a madurar en el
camino hacia la verdad y el amor, y a salir de nosotros mismos para
entrar en comunión con los demás y con Dios.
El origen de
la familia. Para avanzar en ese camino de madurez humana,
la Iglesia nos enseña a respetar y promover la maravillosa
realidad del matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, que
es, además, el origen de la familia. Por eso, reconocer y
ayudar a esta institución es uno de los mayores servicios
que se pueden prestar hoy día al bien común y al
verdadero desarrollo de los hombres y de las sociedades, así
como la mejor garantía para asegurar la dignidad, la
igualdad y la verdadera libertad de la persona humana.
Promoción
de la familia. En este sentido, quiero destacar la
importancia y el papel positivo que a favor del matrimonio y de la
familia realizan las distintas asociaciones familiares eclesiales. Por
eso, «deseo invitar a todos los cristianos a colaborar,
cordial y valientemente con todos los hombres de buena voluntad, que
viven su responsabilidad al servicio de la familia» (Familiaris
consortio, 86), para que uniendo sus fuerzas y con una
legítima pluralidad de iniciativas contribuyan a la
promoción del verdadero bien de la familia en la sociedad
actual.
La fuerza del
matrimonio. La familia cristiana -padre, madre e hijos-
está llamada, pues, a cumplir los objetivos
señalados no como algo impuesto desde fuera, sino como un
don de la gracia del sacramento del matrimonio infundida en los
esposos. Si éstos permanecen abiertos al Espíritu
y piden su ayuda, él no dejará de comunicarles el
amor de Dios Padre manifestado y encarnado en Cristo. La presencia del
Espíritu ayudará a los esposos a no perder de
vista la fuente y medida de su amor y entrega, y a colaborar con
él para reflejarlo y encarnarlo en todas las dimensiones de
su vida. El Espíritu suscitará asimismo en ellos
el anhelo del encuentro definitivo con Cristo en la casa de su Padre y
Padre nuestro. Éste es el mensaje de esperanza que desde
Valencia quiero lanzar a todas las familias del mundo. Amén.
Fuente: diariodenavarra.es |
Fecha:
10/07/06
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