La quema de conventos, norma y no excepción en la II República (10 de mayo de 1931)
La II República nace ya con las taras que
la llevarían a protagonizar el más rotundo de los
desastres de nuestra historia nacional, una de las principales, un
sectarismo radical y beligerante contra la religión
católica. No había pasado un mes desde la
proclamación de la república cuando se produce la primera
acción violenta contra la religión católica. El 10
de mayo de 1931, con la disculpa de una manifestación contra
ABC, en la que participan elementos izquierdistas se produce el asalto
e incendio de iglesias y conventos en Madrid y en varias ciudades de
Andalucía, ante la completa pasividad de las nuevas autoridades,
que impiden la identificación de los autores y no practican
ninguna detención.
El primero se produce en la calle Flor, se trata de la residencia de
los jesuitas. Los religiosos que quedaban en el edificio después
de la primera misa matutina tuvieron que huir por los tejados.
Los incendios y asaltos siguieron durante todo el día. Los
edificios religiosos que quedaron totalmente calcinados fueron los
siguientes, además de la Residencia de los Jesuitas de la calle
Flor: el centro de enseñanza de Artes y Oficios de la calle de
Areneros regentado también por religiosos de la
Compañía de Jesús, el Colegio Maravillas de los
Padres de la Doctrina Cristiana de Cuatro Caminos, la iglesia de Santa
Teresa de los Carmelitas Descalzos sita entre la plaza de España
y Ferraz, el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) de
la calle de Alberto Aguilera, el convento de las Mercedarias de San
Francisco, la Iglesia parroquial de Bellas Artes, el Colegio de
María Auxiliadora de las Salesianas y el colegio de Religiosas
del Sagrado Corazón, de Chamartín. También se
incendió en Vallecas el convento de las religiosas Bernardas.
Se intentó incendiar o asaltar por parte de los grupos
subversivos, sufriendo diversos desperfectos, el convento de los
Paúles de la calle de García Paredes, las Trinitarias de
Marqués de Urquijo, los Luises, en la calle de Cedaceros; el de
Jesús, en la plaza del mismo nombre; otro de Carmelitas, en la
calle de Ayala; el de San José de Calasanz en la calle de
Torrijos; otro de monjas en la calle de San Bernardo, el del Buen
Suceso, el de Caballero de Gracia y otro de la calle de Evaristo San
Miguel. También la chusma hizo evacuar un convento de monjas
sito en la calle Ancha, 86; el de San Plácido, en la calle de
San Roque, las monjas del Servicio Doméstico de la calle de
Fuencarral, los frailes de la fundación Caldeiro y las
Trinitarias de Lope de Vega.
Pero los desmanes no se limitaron a la capital de España, en
algunas provincias la furia anticlerical también se cebó
en iglesias y conventos.
En Málaga se quemó el palacio arzobispal del siglo XV,
los colegios de los Maristas, los Agustinos, la iglesia de Perchel
mandada construir por los Reyes Católicos, la parroquia de Santo
Domingo, el templo de San Felipe Neri, la iglesia parroquial de San
Juan, los conventos de las Mercedarias y de San Angel, las Iglesias de
la Merced, San Lázaro, las parroquias de Puerto de la Torre,
Churriana, Comares, Torremolinos, y El palo, hasta un total de 48
edificios religiosos incendiados o asaltados. En la parroquia de San
Pablo y la iglesia de los capuchinos se profanaron las criptas y la
chusma paseo, en lo alto de un palo, la calavera de un antiguo
párroco.
En Valencia el convento de San José de las Carmelitas, san
Julián, de las agustinas, el colegio de la Presentación,
fundado en 1550, asaltados los conventos de Teresianas, la Residencia
de los Jesuitas, y el Seminario Conciliar. En Sevilla la iglesia del
Buen Suceso, la residencia de los capuchinos, la capilla de San
José construida por el gremio de los carpinteros de la ciudad en
el siglo XVII.
En Córdoba el convento de San Cayetano.
En Cádiz se quemó el convento de los Dominicos, la
iglesia de Santa María y del convento del Carmen. En la
provincia, en Sanlúcar de Barrameda se incendió del
convento de los Capuchinos, en Jerez de la Frontera se asaltó el
convento de San Francisco, el de los Carmelitas y la residencia de los
Jesuitas, también en Algeciras hubo incidentes en los que se
intentó quemar varias iglesias.
En Murcia fue quemada la iglesia gótica de la Purísima y
asaltados el convento de las Isabelas y el de las Verónicas.
En Alicante se incendiaron las escuelas Salesianas, el colegio de las
Carmelitas, la parroquia de Benalúa, el convento de San
Francisco, la casa de ejercicios de la Compañía de
Jesús, el convento de las Oblatas, la iglesia del Carmen, la
residencia de los Jesuitas, convento de Capuchinos, convento de
Agustinos, el Palacio Episcopal, el colegio de Jesús y
María, el colegio de la Compañía de María y
el colegio de los Maristas.
El día 12 de mayo cuando vuelve la calma, las perdidas
materiales son muy cuantiosas, pero aún es más grave el
daño que se ha causado al patrimonio histórico
artístico español.
En Madrid se ha perdido una urna de plata repujada que contenía
los restos de san Francisco de Borja; un Lignum Crucis procedente de la
casa ducal de Pastrana regalo del Papa. Se destruyó el sepulcro
del siglo XVI del teólogo Diego Lainez, primer discípulo
de San Ignacio de Loyola. Ardieron, un retrato del fundador de la
compañía de Jesús pintado por Sánchez
Coello y un Zurbaran. La biblioteca de la residencia de los jesuitas,
con más de 80.000 volúmenes, entre ellos incunables
irremplazables y primeras ediciones de las obras de Lope de Vega,
Quevedo, Calderón o Saavedra Fajardo, también se quemo en
el Instituto Católico de Arte e Industrias, la biblioteca del
centro, formada por más de 20.000 volúmenes, entre los
que se encontraban ejemplares únicos de la Germaniae Historica y
el Corpus Inscriptorum Latinarum, además de toda la obra del
paleógrafo García Villada, formada por más de
40.000 fichas y sus correspondientes fotografías de archivos de
todo el mundo.
La suma de ambas bibliotecas representaban el mayor patrimonio
bibliográfico en España después de la Biblioteca
Nacional. En Málaga se calcinó un cristo románico
regalo de Fernando de Antequera junto al retablo en que se encontraba y
un cuadro de la Virgen y el Niño de Van Dyck. Además
ardió el archivo diocesano y su biblioteca.
En Sevilla se perdieron obras maestras de la imaginería de
Semana Santa de Pedro Mena y Martínez Montañés,
así como un famoso retablo atribuido a Pedro Roldan. En Murcia
fue pasto de las llamas La Inmaculada del maestro Salzillo.
A cualquier persona con un mínimo de sentido común no se
le escapa que estos actos eran gravísimos atentados contra el
orden público, la libertad religiosa y el patrimonio cultural,
una muestra de barbarie intolerable en una nación civilizada,
sin embargo, fue contemplada con pasividad y complacencia por el
gobierno provisional republicano, que jamás investigó los
hechos ni indemnizó los daños causados. Después
vendría la legislación anticlerical, los abusos de
autoridad, la conculcación de la libertad religiosa y de
enseñanza, y un continuo rosario de violencias contra la Iglesia
católica en España. La quema de conventos fue el temprano
anticipo de lo que sería el genocidio perpetrado durante la
guerra civil, en el que más de 8.000 religiosos y un numero
incalculable de seglares fueron asesinados, única y
exclusivamente por profesar la fe católica.
Fuente: minutodigital.com
| Autor: Mateo Requesens | Fecha: 14/04/06
Más
información:
|