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Para el curso 2005-2006: diecisiete veces LOGSE

El Consejo de Ministros del 22 de julio aprobó el proyecto de Ley Orgánica de Educación. Quiero pensar que se ha elegido la fecha para hacerlo por casualidad, pero la experiencia lleva a creer que es por miedo a la opinión pública. El texto que se supone que sustituirá a la LOGSE socialista (tres lustros ya: 3 de octubre de 1990) y a sus bienintencionados pero torpes e insuficientes parches ha sido presentado, tras muchos globos–sonda y cortinas de humo, en plenas vacaciones de verano.

Dos ministras, la vicepresidenta Fernández de la Vega y la responsable de la operación, María Jesús Sansegundo, han coincidido en afirmar que el proyecto se basa en "lo mejor de las leyes anteriores" y que es el fruto de un largo proceso de consultas con todas las partes implicadas en la educación, autonomías, centros, sindicatos, padres y alumnos, por ejemplo.

La ventaja de la libertad de expresión es que cada uno puede contar las cosas según su opinión, y los actuales gestores del poder en la nación pueden intentar que aceptemos que esta Ley es fruto del consenso, del pacto, de la negociación y del talante. Pero no es así: muchos de los afectados por el proyecto no han sido consultados, y otros, sencillamente, no han sido escuchados. Todos estamos, sin embargo, de vacaciones, y nos la encontraremos en las Cortes en otoño.

La Ley mantiene en vigor la filosofía básica de la LOGSE, y conserva en vigor la LODE de Maravall. Han pasado sin embargo veinte años de la primera intervención del PSOE en profundidad en la educación de los españoles, y ya se pueden sacar conclusiones bastante sólidas. Son ya muchas las promociones de alumnos que han pasado por nuestras aulas con los principios LOGSE en vigor, y los resultados están llegando ya al mercado de trabajo y a la sociedad adulta. ¿Es tan buena la LOGSE como para que la LOE mantenga sin cambios su esencia?

Fernández de la Vega afirmó que se garantiza "la igualdad de todos los españoles en la educación, respetando las competencias de las comunidades", que se promueve "la participación de alumnos, profesores y comunidad educativa en los procesos de decisión" al tiempo que se valora el esfuerzo y el estudio, que se "refuerza" la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos pero que la cuestión de la religión se resolverá conforme a principios laicos. Se dice la enseñanza será gratuita desde los 3 años y que se incrementará la calidad, la enseñanza de idiomas extranjeros y de nuevas tecnologías. Se dice que no habrá promoción automática, pero se establece un límite a los cursos que se pueden repetir, y sólo se repetirá con más de tres asignaturas suspendidas. Una contradicción sobre otra.

La LOE va a reproducir los cuellos de botella esenciales de la LOGSE. En los Centros va a haber cada vez menos directores con autoridad, ya que el peso de los claustros asamblearios, de las no menos complejas representaciones familiares y de los sindicatos no disminuye en absoluto. La atención a la diversidad se va a seguir tratando como si el problema estuviese en los medios materiales, cuando realmente está en la idea-fuerza de la LOGSE de la igualdad obligatoria entre unos alumnos que siguen siendo, afortunadamente, desiguales en capacidades, hábitos, medios y motivación. La gratuidad de los 3 a los 18 y la obligatoriedad de los 6 a los 16 no ocultan la contradicción de unir en las mismas aulas y planes de estudio a personas con metas muy diferentes en sus vidas, y por tanto con necesidades divergentes. ¿Desde cuándo no pisan estas señoras un Instituto?

Todo esto es LOGSE, y se anuncia por ello un curso complicado. No sabemos aún si será sólo un "otoño caliente" o algo más, pero los motivos de conflicto son muchos –tantos como puntos inoperantes de la vieja Ley se mantengan- y es preciso afrontarlo con ideas claras. Al menos en dos aspectos, para empezar.

En el ámbito católico, por ejemplo, conviene distinguir a tiempo lo esencial de lo pasajero. Que la asignatura de religión sea o no evaluable y tenga o no alternativa es sólo relativamente importante. Juristas tiene la Iglesia para recordar las obligaciones del Estado. Pero lo esencial es recordar a las autoridades y defender sin concesiones que la enseñanza, como parte de la educación, es responsabilidad de la familia, y que el Estado sólo actúa en esto subsidiariamente. En palabras de Benedicto XVI, la función de la escuela "está ligada a la familia como natural prolongación de la tarea formativa de ésta última". La libertad de enseñanza está en peligro en más de un sentido, y ahí hay uno de los grandes debates del curso que va a empezar.

Otro debate, equivalente en importancia, es el que va a referirse a la igualdad de los españoles ante esta Ley. Las ataduras ideológicas y parlamentarias de Zapatero y Sansegundo hacen que la LOE tenga diecisiete (o diecinueve, dependiendo de qué suceda con las competencias de Ceuta y Melilla) ámbitos de aplicación. En la práctica, esto implica que cada Comunidad Autónoma podrá matizar mucho la Ley. En unos casos esto será una mala noticia, cuando los dogmas de la LOGSE se apliquen sin considerar el daño que ya han hecho. En otros será aún peor, cuando los nacionalistas de distinto signo empleen su autonomía para la correspondiente "construcción nacional" en la escuela. En muchos será un mal menor, cuando el PP suavice todo lo posible la entrada en vigor de la Ley.

Nos alegramos, en fin, qué duda cabe, de que Navarra con su foralidad tenga grandes posibilidades de esbozar su propia política educativa; pero sería aún más positivo no ver España dividida en diecisiete ámbitos de aplicación de una Ley que antes de nacer ya ha hecho daño a toda una generación.

Fuente: elsemanaldigital.com  |  Autor: Pascual Tamburri  |  Fecha: 04/09/05

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