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Una lectura creyente de Atapuerca. La fe cristiana ante las teorías de la evolución

«Si hay una fe verdadera, ésta tiene que estar en permanente diálogo con la ciencia». La afirmación hecha por Raúl Berzosa es además una llamada a la conciliación de ese tenso binomio que desde siempre ha existido entre ciencia y creencia. En torno a esa idea giró, de hecho, su intervención. Fue ayer, en un acto convocado por la Fundación Foro Jovellanos, en Gijón, que sirvió además para presentar su último libro: "Una lectura creyente de Atapuerca. La fe cristiana ante las teorías de la evolución".

El obispo auxiliar de Oviedo abogó por descartar la rivalidad secular entre ambas disciplinas porque no «sólo no son desconocidas sino que son compañeras de viaje». Un peregrinar que tiene como objeto desentrañar el misterio del origen humano y en el que, para Berzosa, «la ciencia ha tenido un mérito importantísimo pues ha puesto a nuestra disposición el guión de una película de 15.000 millones de años». Ahora bien, matizó, cabría seguir preguntándose: «Quién ha escrito ese guión y por qué lo ha hecho como lo ha hecho». Preguntas para las que hasta ahora ningún científico ha obtenido respuesta, recordó.

Raúl Berzosa, que fue profesor de Antropología en la Universidad de Burgos, y es doctor en Teología, reclamó «respeto» a los científicos y pidió una revisión del fenómeno religioso «desde un punto de vista serio e interdisciplinar», y no sólo anecdótico, ante los continuos ataques de que son objeto los creyentes. Se refirió en alusión directa al codirector de las excavaciones de Atapuerca, Eudald Carbonell, de quien dijo que «es tan creativo como lo es una célula cancerígena y tanta creatividad puede convertirse en pura ideología».

Discute Berzosa tesis de este arqueólogo y prehistoriador por «chatas, miopes, cientifistas, agnósticas y ateas». Y califica de «desafortunada» su afirmación de que en un futuro Burgos tendrá dos catedrales: la de las creencias y el Museo de la Evolución que es la única que, a juicio del científico, tendrá futuro. Berzosa admitió no tener respuestas para todo, pero recordó que, «al menos con honestidad» descarta una visión meramente prehistórica de la historia del hombre, tal y como plantea Carbonell al afirmar que el ser humano es sencillamente una especie única y superviviente.

«Abogamos -dijo el prelado- por una relectura de la especie humana y de las maravillas que éste ha sido capaz de hacer y hacen de un hombre un ser especial y trascendente». Y así defendió la visión teológica de la vida y de la existencia porque «Dios envuelve todo el Universo y en el centro está la figura humana».

Además parafraseó a numerosos estudiosos que, a pesar de sus avances en los laboratorios, reconocieron las limitaciones de las probetas a la hora de dilucidar las grandes preguntas. Hombres que han pasado a la historia de la ciencia después de afirmar cosas como que «el pecado del hombre moderno ha sido creer en la omnipotencia de la ciencia y si mantiene esa falta de humildad no quedará espacio para las preguntas que nos conmueven».

En esa línea también recordó a Darwin, padre de la teoría de la evolución, cuando aseguró que no veía razón para que sus opiniones hirieran los sentimientos religiosos de nadie. «Es de recibo pedir hoy, a la inversa, lo mismo a sus herederos y más aventajados discípulos», comentó Berzosa, de nuevo en referencia a los promotores de Atapuerca.

Un reto de burgalés

El obispo auxiliar contó a los presentes las razones por las que se adentró en un estudio profundo del yacimiento prehistórico. Ante un auditorio abarrotado, Raúl Berzosa aseguró que fue un reto planteado por otro obispo. «'Tú que eres de Burgos tienes el deber de explicar Atapuerca', me dijo y ese encargo me quedó grabado».

Tras revisar con atención todas las publicaciones sobre las fructíferas excavaciones se dispuso a moldear sus propias tesis en 'Una lectura creyente de Atapuerca', publicado el pasado 8 de marzo. Y ayer resumió su contenido, después de presentarse como «un observador», y de ser introducido por el vicario episcopal de Gijón, José Antonio González Montoto.

Entre el público, además, se encontraban otros representantes de la curia como el arcipreste de Gijón, Fernando Fueyo, así como numerosos representantes de la vida social y cultural de la ciudad. Entre ellos Luis Adaro, insigne industrial; el arquitecto Miguel Díaz Negrete, el ex secretario general letrado del Ayuntamiento de Gijón, Alfredo Villa, o el presidente del Ateneo Jovellanos, José Luis Martínez, así como el presidente del foro anfitrión, Jesús Menéndez Peláez.

Tras su intervención, Raúl Berzosa dio paso a un coloquio y las preguntas se prolongaron en el tiempo dado el interés que suscitó el tema. Pero el obispo auxiliar ya había respondido a todos momentos antes: «No trates de buscar respuestas, pregúntate por qué te haces esas preguntas».

(Desclée De Brouwer. Bilbao (2005). 225 págs. 16 €.)

Fuente: elcomerciodigital.com  |  Autora: Leticia Alvarez  |  Fecha: 06/10/05

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