Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de las Misiones 2005: "Misión: Pan partido para el mundo"
En este
año dedicado a la Eucaristía, la Jornada Misionera
Mundial, nos ayuda a comprender mejor el sentido "eucarístico"
de nuestra existencia.
"Misión: Pan partido para el mundo"
Queridos Hermanos y Hermanas:
1. En este año dedicado a la Eucaristía, la Jornada
Misionera Mundial, nos ayuda a comprender mejor el sentido
"eucarístico" de nuestra existencia, reviviendo el clima del
Cenáculo, cuando Jesús, en la víspera de su
pasión, se ofreció a sí mismo al mundo: "El
Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó
pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es
mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en conmemoración
mía" (1Cor 11, 23–24).
En la reciente Carta apostólica Mane nobiscum Domine he invitado
a contemplar a Jesús «pan partido» para toda la
humanidad. Siguiendo su ejemplo, también nosotros debemos dar la
vida por los hermanos, especialmente los más necesitados. La
Eucaristía conlleva "el signo de la universalidad", y de manera
sacramental prefigura lo que sucederá "cuando todos los que
participan de la naturaleza humana, regenerados en Cristo por el
Espíritu Santo, contemplando unánimes la gloria de Dios,
puedan decir: «Padre nuestro»" (Ad gentes, 7). De tal
manera la Eucaristía, mientras hace comprender plenamente el
sentido de la misión, anima a cada creyente, y especialmente a
los misioneros, a ser "pan partido para la vida del mundo".
La humanidad tiene necesidad de Cristo «pan partido»
2. En nuestra época, la sociedad humana parece que está
envuelta por espesas tinieblas, mientras es turbada por acontecimientos
dramáticos y trastornada por catastróficos desastres
naturales. Pero, como durante "la noche en que fue entregado" (1Cor 11,
23), también hoy Jesús "parte el pan" (Mt 26, 26) para
nosotros, y en las Celebraciones eucarísticas se ofrece a
sí mismo bajo el signo sacramental de su amor por todos. Por
esto he querido recordar que "la Eucaristía no sólo es
expresión de comunión en la vida de la Iglesia; es
también proyecto de solidaridad para toda la humanidad" (Mane
nobiscum Domine, 27); es "pan del cielo" que, dando la vida eterna
(cfr. Jn 6, 33), abre el corazón de los hombres a una gran
esperanza.
El mismo Redentor, que a la vista de la muchedumbre necesitada
sintió compasión "porque estaban vejados y abatidos como
ovejas que no tienen pastor" (Mt 9, 36), presente en la
Eucaristía, continúa a lo largo de los siglos
manifestando compasión hacia la humanidad que se encuentra en la
pobreza y en el sufrimiento.
En su nombre, los agentes pastorales y los misioneros recorren caminos
no explorados para llevar a todos el "pan" de la salvación. Les
anima la conciencia de que unidos a Cristo "no sólo centro de la
historia de la Iglesia, sino también de la historia de la
humanidad (cfr. Ef 1, 10; Col 1, 15–20)" (Mane nobiscum Domine,
6), es posible satisfacer los anhelos más íntimas del
corazón humano. Jesús solo puede apagar el hambre de amor
y la sed de justicia de los hombres; sólo Él hace posible
a cada persona la participación en la vida eterna: "Yo soy el
pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para
siempre" (Jn 6, 51).
La Iglesia, junto con Cristo, se hace "pan partido"
3. La Comunidad eclesial, cuando celebra la Eucaristía, de
manera especial el domingo, día del Señor, experimenta a
la luz de la fe, el valor del encuentro con Cristo resucitado, y
adquiere cada vez más conciencia de que el Sacrificio
eucarístico es "para todos" (Mt 26, 28). Si uno se alimenta del
Cuerpo y de la Sangre del Señor crucificado y resucitado, no
puede tener sólo para sí mismo este "don". Al contrario,
es necesario difundirlo. El amor apasionado por Cristo conduce al
anuncio valiente de Cristo; anuncio que, con el martirio, se convierte
en ofrenda suprema de amor a Dios y a los hermanos. La
Eucaristía apremia a una generosa acción evangelizadora y
a un compromiso activo en la edificación de una sociedad
más equitativa y fraterna.
De todo corazón, deseo que el Año de la Eucaristía
motive a todas las comunidades cristianas a caminar "con generosidad
fraterna" al encuentro de "alguna de las múltiples pobrezas de
nuestro mundo" (Mane nobiscum Domine, 28). Esto, porque "por el amor
mutuo y, en particular, por la atención a los necesitados se nos
reconocerá como verdaderos discípulos de Cristo (cfr. Jn
13, 35; Mt 25, 31–46). En base a este criterio se
comprobará la autenticidad de nuestras celebraciones
eucarísticas" (Mane nobiscum Domine, 28).
Los misioneros, "pan partido" para la vida del mundo
4. También hoy Cristo manda a sus discípulos: "dadles
vosotros de comer" (Mt 14, 16). En su nombre, los misioneros acuden a
tantas partes del mundo para anunciar y ser testigos del Evangelio. Los
misioneros hacen resonar, con su acción, las palabras del
Redentor: "Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no
tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá
nunca sed" (Jn 6, 35); ellos mismo se hacen "pan partido" para los
hermanos, llegando a veces hasta el sacrificio de la vida.
¡Cuántos misioneros mártires en este tiempo
nuestro! ¡Que su ejemplo arrastre muchos jóvenes en el
camino de la heroica fidelidad a Cristo! La Iglesia tiene necesidad de
hombres y de mujeres que estén dispuestos a consagrarse
totalmente a la gran causa del Evangelio.
La Jornada Misionera Mundial constituye una oportuna circunstancia para
tomar conciencia de la urgente necesidad de participar en la
misión evangelizadora en la que se encuentran comprometidas las
Comunidades locales y tantos Organismos eclesiales y, de modo
particular, las Obras Misionales Pontificias y los Institutos
Misioneros. Es misión que, además de la oración y
del sacrificio, espera también un apoyo material concreto. Una
vez más aprovecho la ocasión para subrayar el precioso
servicio que realizan las Obras Misionales Pontificias, e invito a
todos a apoyarlas con una generosa cooperación espiritual y
material.
Que la Virgen, Madre de Dios, nos ayude a revivir la experiencia del
Cenáculo, para que nuestras comunidades eclesiales sean
auténticamente "católicas"; es decir, Comunidades donde
la "espiritualidad misionera", que es "comunión íntima
con Cristo" (Redemptoris Missio, 88), se sitúa en íntima
relación con la "espiritualidad eucarística", que tiene
como modelo a María, "Mujer eucarística" (Ecclesia de
Eucharistia, 53); Comunidades que permanecen abiertas a la voz del
Espíritu y a las necesidades de la humanidad; Comunidades donde
los creyentes, y especialmente los misioneros, no dudan en hacerse "pan
partido para la vida del mundo".
¡A todos mi Bendición!
En el Vaticano, 22 de febrero de 2005, fiesta de la Cátedra de San Pedro.
IOANNES PAULUS II
Fuente: vatican.va
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Autor: Juan Pablo II | Fecha: 22/02/05
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