Declaración de la Conferencia Episcopal Española en apoyo a la Campaña sobre la deuda externa
Declaración
de la Conferencia Episcopal Española en apoyo a la
Campaña sobre la deuda externa, promovida por las organizaciones
eclesialesManos Unidas, Cáritas, Confer, Justicia y Paz y Redes.
INTRODUCCIÓN
Con ocasión del Jubileo del año 2000, el Santo Padre
pedía acciones concretas que mostrasen al mundo la voluntad de
reconciliación de todos los cristianos y que sirviesen para que
los más pobres tuviesen acceso a unas condiciones de vida digna.
Con ese motivo, organizaciones de la Iglesia como Cáritas, Manos
Unidas, CONFER, Justicia y Paz se unieron para promover, junto con
otras organizaciones para el desarrollo, una campaña a favor de
la condonación de la deuda de los países del Tercer Mundo
que llevaba por título «Deuda Externa, ¿Deuda
eterna?».
Cinco años después constatamos que, en este mundo
globalizado en el que vivimos, la deuda total acumulada por los
países subdesarrollados ha crecido ininterrumpidamente, a pesar
del progresivo aumento de los pagos, y sus efectos son cada vez
más evidentes en la acentuación de las desigualdades y la
concentración de las riquezas. Podemos afirmar con dolor que
«la deuda sigue siendo un ‘pesado lastre’ que
compromete las economías de pueblos enteros, frenando su
progreso social y político»[1]; y es uno de los factores
que repercute de manera más negativa en la vida de más de
mil millones de personas e impide alcanzar los Objetivos de Desarrollo
del Milenio propuestos por la comunidad internacional. En la
raíz de estos males está ciertamente el pecado[2].
Este año de la Eucaristía, que acabamos de celebrar, nos
impulsa a todos los cristianos a sensibilizarnos con los problemas de
nuestros hermanos, en la medida en que profundizamos el Misterio de
comunión y de amor que es la Eucaristía. Por eso los
Obispos reunidos en el reciente Sínodo, juntamente con el Santo
Padre Benedicto XVI, manifestaban: “Continuaremos participando
activamente en el esfuerzo común para crear las condiciones
duraderas de un progreso real para toda la familia humana, en el que a
nadie falte el pan de cada día. (...) Los sufrimientos humanos
no pueden ser extraños a la celebración del misterio
eucarístico, que nos compromete a todos a trabajar por la
justicia y la transformación del mundo de manera activa y
consciente, a partir de la enseñanza social de la Iglesia, que
promueve la centralidad y dignidad de la persona”[3].
En fidelidad a Jesucristo
La Iglesia, fiel al Evangelio y al mandamiento del Señor, tiene
una larga historia en compromisos a favor de los más pobres,
algo de lo que da testimonio la comunidad cristiana, la vida y las
obras de tantos creyentes en Jesucristo que han hecho y siguen haciendo
de la misericordia y de la justicia social, el centro de su vida.
Continuando este dinamismo, propio de la caridad cristiana y del
compromiso solidario que conlleva, la Iglesia se siente interpelada por
ese grave problema que experimentan los países más pobres
para lograr el desarrollo integral de sus ciudadanos. No podemos
permanecer indiferentes ante el sufrimiento de tantas personas, que
incluso ven amenazada su propia vida debido a las situaciones que
resultan del mantenimiento y el apremio de pago de esa deuda
externa contraída por los gobernantes de su país.
El Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, insistió en varias
ocasiones en la urgencia de condonar total o parcialmente la
deuda externa, como un acto de justicia, puesto que son los pobres los
que más sufren a causa de la indeterminación y el retraso
de las medidas que puedan liberarlos de esa carga[4]. Y propuso la
necesidad de crear una nueva cultura de la solidaridad[5], una de cuyas
acciones, ya emprendidas y apoyadas por la Iglesia, es el objetivo del
Milenio, consistente en reducir a la mitad el número de personas
que vive en la pobreza para el año 2015[6].
APOYO A LA CAMPAÑA «SIN DUDA. SIN DEUDA. NUESTRO COMPROMISO CON LOS OBJETIVOS DEL MILENIO LO EXIGE»
En coherencia con este planteamiento y ante la situación de
desamparo y de pobreza creciente, en la que se instalan los
países más pobres del Tercer Mundo, las organizaciones de
la Iglesia Católica que promovieron la anterior campaña
de la condonación de la Deuda han planteado una nueva
campaña con el fin de sensibilizar a la opinión
pública del grave problema y pedir a los Gobiernos un compromiso
más decidido.
Hoy, día 25 de noviembre, se hace pública, en nuestro
país, la campaña «Sin duda. Sin deuda. Nuestro
compromiso con los Objetivos del Milenio nos lo exige »,
promovida por Manos Unidas, Cáritas, CONFER, Justicia y Paz y
REDES[7], con el apoyo de numerosas comunidades cristianas y de otras
organizaciones e instituciones. Deseamos hacer público de nuevo
el apoyo de la Conferencia Episcopal Española a esta
campaña.
Consideramos nuestro deber pronunciarnos, una vez más,
solicitando medidas para eliminar la deuda, dado que la
condonación de la misma, tanto de forma total como parcial, es
una condición previa para que los países más
pobres puedan luchar eficazmente contra la miseria y la pobreza.
Seguimos creyendo que es urgente convertir la obligación de pago
en inversión, en programas y proyectos de desarrollo
integral: humano, cultural, espiritual, sanitario, agrícola,
educativo y promoción de la mujer, entre otros.
Se impone hoy, con más urgencia que en el pasado, la necesidad
de cultivar la conciencia de valores morales universales, para afrontar
los problemas del presente, cuya nota común es la
dimensión planetaria que van asumiendo[8]. Lo pedimos en nombre
de la justicia y de la solidaridad que une a todos los seres humanos y
a todos los pueblos creados por un mismo y único Dios, a su
imagen y semejanza y con idéntica dignidad.
LLAMAMIENTO A LAS AUTORIDADES Y A LAS COMUNIDADES CRISTIANAS
Elogiamos y estimulamos los pasos que han comenzado a darse para la
condonación total o parcial de la deuda externa entre los
países acreedores.
Seguimos insistiendo « en el llamamiento a las Autoridades de
nuestro país y a los responsables de las instituciones
financieras. Les pedimos que pongan en práctica medidas,
objetivamente generosas, que den como resultado, no aparente ni
ficticio, el levantamiento del peso de la deuda externa »[9]. Hay
que evitar que esta condonación, total o parcial, revierta en la
compra de armamento o en beneficio económico de los gobernantes
de los países destinatarios o sea utilizada en obras socialmente
innecesarias que persiguen exclusivamente el prestigio y el
afianzamiento de estos gobiernos o vayan destinadas a acciones
contrarias al orden moral como campañas contra la natalidad; al
mismo tiempo habrá que garantizar y controlar su empleo en
servicio de la comunidad, especialmente de sus capas
económicamente menos favorecidas[10]. La cooperación
« debe expresar un compromiso concreto y tangible de solidaridad,
de tal modo que haga de los pobres protagonistas de su desarrollo
»[11]
Alentamos a quienes hacen esfuerzos generosos a favor de los más
pobres: misioneros que consagran sus vidas a caminar codo a codo
con ellos compartiendo sus gozos y sus penas; profesionales y
empresarios que dedican parte de su tiempo y de sus bienes a trabajar
en proyectos de desarrollo; jóvenes y personas de buena voluntad
que preocupados por la suerte de los hermanos del Tercer Mundo dedican
parte de su vida a trabajar en organizaciones que favorecen el
verdadero desarrollo. Y pedimos a todos los católicos que
« pongamos en práctica la manera de hacer de Jesús,
que dio de comer a las muchedumbres hambrientas con los panes y peces
de la bendición » [12], que adoptemos comportamientos de
vida sobria, nos comprometamos a favor de los hermanos más
necesitados y que nos unamos a los esfuerzos de la campaña que
acaba de iniciarse.
[1] Juan Pablo II. Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1998.
[2] Cf. Juan Pablo II Enciclica Sollicitudo rei socialis, 36
[3] Mensaje Final “La Eucaristía, pan vivo para la paz del
mundo”, de la XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos (22-X-2005), 5 y 17.
[4] Alocución del 23 de septiembre de 1999 a los impulsores de
la campaña Jubileo 2000; cf. Llamamiento del Presidente del
Consejo Pontificio justicia y paz, Cardenal R. Etchegaray, 18
septiembre 1997
[5] Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000,17.
[6] Cf Juan Pablo II. Pobreza y globalización , Mensaje al
cardenal Renato Raffaele Martino, Presidente del Pontificio Consejo
« Justicia y Paz », 5 de julio de 2004.
[7] Red de ONGD de las Congregaciones Religiosas que tienen por
objetivo la educación, el desarrollo y la solidaridad con el
Tercer Mundo
[8] Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000, 18
[9]Conferencia Episcopal Española, Declaración acerca de
la condonación de la Deuda Externa (26 noviembre de 1999)
[10] Ibid.
[11] Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2000,17
[12] Conferencia Episcopal Española .LXXXIII Asamblea Plenaria. La caridad de Cristo nos apremia, 12 (2005)
Fuente: conferenciaepiscopal.es
| Fecha: 25/11/05
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