«Memoria e identidad», nuevo libro del Papa
1/ MYSTERIUM INIQUITATIS:
LA COEXISTENCIA DEL BIEN Y DEL MAL
Tras la caída de los dos poderosos sistemas totalitarios, el nazismo en
Alemania y el «socialismo real» en la Unión Soviética, que han pesado
sobre todo el siglo XX y han sido responsables de innumerables
crímenes, parece llegado el momento de una reflexión sobre su génesis y
sus consecuencias, particularmente sobre las ideologías que los han
hecho germinar en la historia de la humanidad. Santo Padre, ¿cuál es el
sentido de esta gran «erupción» del mal?
El siglo XX ha sido, en cierto sentido, el «teatro» en el que han
entrado en escena determinados procesos históricos e ideológicos que
han llevado hacia la gran «erupción» del mal, pero también ha sido
espectador de su declive. En consecuencia, ¿sería justa una visión de
Europa basada únicamente en la perspectiva del mal surgido en su
historia reciente? ¿No habría más bien en este enfoque una cierta
unilateralidad? La historia moderna de Europa, marcada -sobre todo en
Occidente- por la influencia de la Ilustración, ha dado también muchos
frutos buenos. En esto refleja la naturaleza del mal, tal como la
entiende santo Tomás, siguiendo las huellas de san Agustín. El mal es
siempre la ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es
una carencia. Pero nunca es ausencia absoluta del bien. Cómo nazca y se
desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También
es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir
y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo.
Surge de inmediato la referencia a la parábola evangélica del trigo y
la cizaña (cf. Mt 13, 24-30). Cuando los siervos preguntan al dueño:
«¿Quieres que vayamos a arrancarla?», él contesta de manera muy
significativa: «No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos
crecer juntos hasta la siega, y cuando llegue la siega diré a los
segadores: Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para
quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero» (Mt 13, 29-30). En este
caso, la mención de la cosecha alude a la fase final de la historia, la
escatológica.
Se puede tomar esta parábola como clave para comprender toda la
historia del hombre. En las diversas épocas y en distintos
sentidos, el
«trigo» crece junto a la «cizaña» y la
«cizaña» junto al «trigo». La
historia de la humanidad es una «trama» de la coexistencia
entre el
bien y el mal. Esto significa que si el mal existe al lado del bien, el
bien, no obstante, persiste al lado del mal y, por decirlo así,
crece
en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto,
ésta no
quedó destruida, no se volvió totalmente mala a pesar del
pecado
original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran
las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de
la
historia.
SINOPSIS:
«He tenido la oportunidad de experimentar personalmente las
“ideologías del mal”. Es algo que nunca se borra de
la memoria. Primero fue el nazismo. Lo que se podía ver en
aquellos años era ya terrible. Pero muchos aspectos del nazismo
no se veían en aquel periodo. No todos se daban cuenta de la
verdadera magnitud del mal que se cernía sobre Europa, ni
siquiera muchos de entre nosotros que estaban en el centro mismo de
aquel torbellino. Vivíamos sumidos en una gran erupción
del mal, y sólo gradualmente comenzamos a darnos cuenta de sus
dimensiones reales. Porque sus responsables trataban a toda costa de
ocultar sus propios crímenes a los ojos del mundo. Tanto los
nazis durante la guerra como los comunistas después, en Europa
Oriental, intentaban encubrir ante la opinión pública lo
que estaban haciendo [...].
»Más tarde, una vez terminada la guerra, pensé para
mí: Dios concedió al hitlerismo doce años de
existencia y, cumplido este plazo, el sistema sucumbió. Por lo
visto, éste fue el límite que la Divina Providencia
impuso a semejante locura [...]. Si el comunismo ha sobrevivido
más tiempo y tiene alguna perspectiva de un desarrollo mayor,
pensaba para mis adentros, debe ser por algún motivo [...].
»Lo que se podía pensar es que también este mal era
en cierto sentido necesario para el mundo y para el hombre. En efecto,
en determinadas circunstancias de la existencia humana parece que el
mal sea en cierta medida útil, en cuanto propicia ocasiones para
el bien. ¿Acaso no fue Johann Wolfgang von Goethe quien
calificó al diablo como “una parte de esa fuerza que desea
siempre el mal y que termina siempre haciendo el bien”?»
Más información en esferalibros.com y iglesia.libertaddigital.com
Fuente: esferalibros.com |
Autor: Juan Pablo II | Fecha: 23 Febrero 2005
|