«El Gobierno ha resucitado mucho odio y ha abierto heridas que tardarán en cerrar»
Bajo el título de «Políticamente incorrecta» Cristina López Schlichting (presentadora de «La Tarde» en la cadena Cope) acaba de publicar su primer libro, en el cual, no duda en dar a conocer su opinión sobre los temas más polémicos y controvertidos de la sociedad actual.
- P: Con su libro pone una vez
más de manifiesto sus convicciones más profundas, que a
veces incluso son contrarias a las de la mentalidad dominante de
nuestro tiempo. ¿Alguna vez se ha visto obligada a callar o a no
defender algún pensamiento del que usted estaba convencida por
temor?
- R: Naturalmente. Defender mis convicciones me ha costado,
al menos dos veces, el despido, ¡y no siempre puede permitirse
una que la despidan! Soy periodista y, por lo tanto, siempre que la
cosa no sea extremadamente grave, tengo obligación de atenerme a
la línea editorial de los medios para los que trabajo, salvo que
violenten mi conciencia. Eso implica bajar el tono muchas veces, evitar
ciertos temas en otras ocasiones y acogerse al derecho de no firmar
escritos contrarios a las propias ideas. La excepción ha sido
COPE, en primer lugar porque los profesionales de este medio gozamos de
una libertad inusitada y, en segundo, porque me identifico
profundamente con el ideario de la cadena.
- P: Es políticamente incorrecta a los ojos de la
sociedad actual, pero políticamente correcta a los ojos
de…
- R: Mi conciencia. Me ha costado mucho entender ciertas
cosas, porque la vida no sólo se aprende en los libros, sino
sobre todo de la experiencia, que puede llegar a ser muy dolorosa.
Ahora no estoy dispuesta a mentir o disimular lo que pienso con el fin
de halagar al poder.
En la vida pública
- P: En su reciente obra se declara abiertamente
católica y afirma que ser cristiano no es popular aunque tiene
sus ventajas. En su vida, el ser cristiana, ¿le ha reportado
más ventajas o inconvenientes?
- R: ¡Sólo reporta ventajas! Como todo el mundo
-supongo-, yo quiero ser feliz, y he comprendido y experimentado que la
máxima felicidad es reconocer el rostro vivo de Cristo en la
Iglesia. La vida tiene muchas dificultades, pero son más
fáciles de sobrellevar cuando están llenas de sentido,
cuando reconoces en ellas el amor del Misterio por ti. Siempre repito
que soy católica porque es la forma más bella e
inteligente de vivir que conozco.
- P: En el libro sostiene que los cristianos
«resultamos intensamente repugnantes» a quienes
están intentado imponer y reforzar el llamado «pensamiento
único». ¿Existe realmente la libertad religiosa en
España?
- R: Las leyes garantizan la libertad religiosa en
España. El problema es que se está desarrollando entre
los ciudadanos un pensamiento único que, so pretexto de
tolerancia, excluye a quien piensa diferente. Este pensamiento
único es contrario a la expresión pública de la fe
y a la actuación de los católicos en la vida
pública. Se concibe la fe como un fenómeno exclusivamente
íntimo y privado. De ahí que se ponga en duda el derecho
a estudiar Religión en la escuela pública o de pedir que
la ciencia o las leyes se sometan al bien. Se trata de una mentalidad
que pretende, en efecto, que la investigación, la
educación, la ley son un fin en sí mismas, se justifican
«per se», sin rendir cuentas ante la realidad del hombre a
quien sirven. Para defender este punto de vista algunos están
dispuestos a molestar a la Iglesia católica, porque estorba sus
fines.
- P: Para usted, los cristianos se están convirtiendo
en un «resto social». ¿Es esto preocupante?
- R: Claro, porque una sociedad es más humana cuando
es cristiana. El corazón del hombre está hecho para un
significado. Si no lo percibe, las cosas se apagan ante sus ojos y
pierde el gusto por ellas. Hablo de cosas normales: el trabajo, los
hijos, la familia ¿Cómo sostener todo esto si no tiene
una razón de ser? El problema del hombre moderno no es la
inmoralidad ni el ateísmo. Es la falta de sentido y la profunda
soledad en la que se vive progresivamente.
- P: Aborto, eutanasia, homosexualidad... son temas de
actualidad de los que habla en su obra. ¿Cree que le han sido
presentados a la sociedad de forma equivocada para confundirla e
influir en su opinión?
- R: De forma equivocada no, sino de la forma adecuada para
convencer. El aborto se ha presentado como la liberación de un
problema, lo mismo que la eutanasia o la exaltación positiva de
la homosexualidad. El drama es que la mayoría de las personas ya
no reconocen el valor de la vida o de la heterosexualidad. Por eso es
fundamental que, a la vez que se combate la mentira, se explique la
belleza de la verdad.
Marcianos
- P: Usted señala en
«Políticamente incorrecta» que el Gobierno de
Rodríguez Zapatero ha cambiado en poco tiempo valores
tradicionales y propios del ser humano. ¿Cree que el Ejecutivo
se ha erigido como un dios capaz de trastocar la propia naturaleza del
hombre y se ha alejado de la esencia de la política, que es la
del servicio al pueblo?
- R: Este Gobierno es hijo de una mentalidad convencida de
que la sociedad o el hombre se pueden reinventar. Pero ni José
Luis Rodríguez Zapatero ni sus ministros son marcianos: hay
mucha más gente que cree que las leyes son el fruto de una
convención, de un acuerdo entre todos. Como si la realidad no
fuese un dato previo a nosotros. El problema es que esta forma de
pensar tiene peligro de adoptar rasgos totalitarios y reducir al que
piensa diferente a un «obstáculo» que hay que
despejar para lograr el triunfo de una supuesta libertad.
- P: ¿Deberían agradecerle los católicos
a Zapatero el despertarlos del letargo en el que estaban sumidos?
- R: Zapatero no es el problema de los cristianos. Yo me
convertí en los tiempos de Felipe González, y la Iglesia
ha sobrevivido a Diocleciano o la Revolución Francesa. A lo
mejor la actual circunstancia política sirve para que algunas
personas se pregunten por qué se dicen cristianas. Muy bien.
Pero también puede llevar a creer erróneamente que la
salvación es la eliminación política de Zapatero,
¡cómo si el PP, por ejemplo, fuese la garantía de
la felicidad, o Rajoy fuese Cristo!
- P: ¿Tiene todo esto solución?
- R: Claro que hay solución, porque la realidad
existía antes de Zapatero. Lo malo es que el Gobierno ha
resucitado mucho odio entre los españoles y abierto heridas que
tardaremos mucho tiempo en cerrar.
Fuente: larazon.es
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Autor: Álvaro de Juana | Fecha: 29/12/05
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