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La Iglesia Católica recuerda los 40 años del Concilio Vaticano II

La cita fue convocada por Juan XXIII hace casi 47 años con la idea de adaptar a la Iglesia a los nuevos tiempos. "Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior", dijo el Pontífice al defender su iniciativa.

El 25 de enero de 1959, menos de tres meses después de haber sido elegido, el Papa Juan XXIII sorprendió a los cardenales. En un discurso en la Basílica de San Pablo Extramuros anunció su decisión de convocar a un nuevo concilio con el fin de actualizar a la Iglesia Católica y adaptarla a los nuevos tiempos. El Papa, que había sido elegido como una figura de transición, tras el largo pontificado de Pío XII y que era visto como un hombre conservador y tradicionalista, estaba decidido a llevar a cabo la más profunda transformación experimentada por el catolicismo en el siglo XX.

"Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y los fieles puedan ver hacia el interior", dijo el Pontífice cuando se le preguntó por qué necesitaba convocar a un evento como ese. Una cita monumental que debía inaugurarse en un plazo de dos años. Esto, porque Juan XXIII, con 77 años y débil de salud, sabía que no tenía mucho tiempo por delante y debía acelerar los tiempos. Finalmente, el encuentro se abrió el 11 de octubre de 1962 ante la presencia de casi 3.000 padres conciliares y concluiría el 8 de diciembre de 1965, hace 40 años.

Juan XXIII no pudo ver concluido el evento. Murió el 3 de junio de 1963 víctima de un cáncer que, a pesar de sus deseos de "abrir las ventanas de la Iglesia", se mantuvo en secreto hasta último momento. Sería su sucesor Pablo VI quien guiaría la mayor parte del Concilio y quien sería el encargado de clausurarlo. Sin embargo, los consejos de Juan XXIII marcaron el evento y la palabra aggiornamiento (actualización) se volvió el término de moda. "Usen la medicina de la misericordia en lugar que las armas de la severidad", había señalado en su primera exhortación a los padres conciliares.

Posiciones en conflicto

El objetivo de Juan XXIII era adaptar a la Iglesia a los nuevos tiempos e impulsar un concilio de "diálogo, apertura, reconciliación y unidad". Por eso, no sólo participaron miembros de la Iglesia Católica de todo el mundo, sino que también fueron invitados representantes de los otros credos cristianos, para que asistieran como observadores. El encuentro también concentró la atención de los principales gobiernos del mundo, según recuerda el historiador italiano Alberto Melloni en su libro "L'altra Roma" (La otra Roma).

El concilio no estuvo ajeno al conflicto y enfrentó a dos tendencias opuestas. Los sectores tradicionalistas estaban representados principalmente por la Iglesia italiana, donde destacaban el secretario de Estado de Juan XXIII, Alfredo Ottaviani, y el arzobispo de Génova, Giuseppe Siri. En ese sector también estaba el obispo suizo Marcel Lefebvre, quien seguiría siendo crítico del Concilio Vaticano II y protagonizaría el último cisma de la Iglesia Católica. Por el otro lado, los progresistas eran representados principalmente por la Iglesia de habla alemana.

Los cardenales Franz Köning, de Austria, y Josef Frings, de Alemania encabezaron al grupo progresista. El actual pontífice Benedicto XVI participó en el concilio precisamente como asesor del cardenal Frings. Según el historiador alemán Ralph Wiltgen, sería ese grupo el que se impondría en el concilio de la mano de Pablo VI, que designó como moderadores de los plenos a cuatro cardenales cercanos a ese sector.

Así después de tres años, cuatro sesiones y 16 documentos, el Concilio Vaticano II concluyó con una Iglesia Católica renovada en muchos aspectos. Uno de los temas más evidentes para los fieles fue el cambio de la liturgia. La misa cambió de estructura y dejó de hacerse en latín y con el sacerdote dando la espalda a los fieles. Pero también se apoyó la idea de lograr una mayor apertura informativa, fomentando el uso de los medios de comunicación y de valorar el ecumenismo.

Otro de los temas centrales del Concilio Vaticano II fue promover la idea de una mayor colegialidad al interior de la Iglesia Católica, dando mayor peso e influencia a los obispos. Un tema que, según los principales analistas vaticanos, ha quedado pendiente, aunque Benedicto XVI se comprometió a promoverlo en su primer discurso como Papa, el 20 de abril pasado en la Capilla Sixtina.

Los temas que marcaron el encuentro
  • Ecumenismo. Se buscó mejorar sus relaciones con las demás iglesias cristianas. Por eso, en uno de los documentos finales, por primera vez se plantea que todas las iglesias cristianas forman parte de una única Iglesia.
  • Liturgia. Fue uno de los cambios que se hicieron más evidentes para los fieles. La antigua misa en latín fue cambiada por una liturgia más adaptada a los tiempos, que a su vez buscaba recuperar las antiguas tradiciones cristianas.
  • Colegialidad. Es uno de los temas pendientes, según concuerdan los analistas vaticanos. La idea era dar más participación en las decisiones a los obispos, algo que, sin embargo, nunca se concretó plenamente.
  • Diálogo. Se promovió el diálogo en todas las direcciones y se planteó que éste debe ser "una herramienta fundamental de la misión de la Iglesia". Dentro de este punto se destaca el uso que se les debe dar a los medios de comunicación y al derecho a la información.

Fuente: tercera.cl  |  Autor: Juan Paulo Iglesias  |  Fecha: 04/12/05

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