Por la conversión del
señor Polanco
Ya
es casualidad que todos los medios del Grupo Prisa reaccionen con
cierta sorna cuando se produce un acontecimiento eclesial de tal
magnitud que les resulte imposible obviar. Empezamos a sospechar
–Dios quiera que nos equivoquemos- que tal vez este grupo
empresarial tenga algo en contra de la fe
católica…
La fe es un don, un regalo. De improviso, la persona se topa,
literalmente, con Dios. Esa relación personal se renueva y
se
cultiva en la Eucaristía, en la oración, en el
encuentro
con el prójimo... Los creyentes, por lo general, pensamos
que
esta experiencia directa de Dios ocurre, de una u otra manera, en la
vida de todo el mundo, pero no podemos verificarlo. Lo que
sí
sabemos con certeza es que el ser humano es absolutamente libre para
rechazar ese Amor. No hace falta convertirse abiertamente en adepto de
Satán. Basta con reprimir aquel júbilo repentino
en el
espíritu. O buscar, a posteriori, cualquier excusa que nos
permita negar o dar una explicación al Suceso más
acorde
con los valores que rigen nuestra existencia (los vividos, no los
declarados), de modo que podamos evitar las
“incómodas” consecuencias de seguir a
Cristo.
Los creyentes rezamos por la conversión de todo el mundo,
también por la de usted, señor Polanco. Y, por
supuesto,
por la nuestra propia. Creer es siempre crecer. Es posar la mirada en
el Absoluto. Es un viaje en el que nos convertimos, paso a paso, en
quienes estamos llamados a ser. Uno puede intuir, con sólo
escrutar en su interior, el inmenso potencial que le aguarda, si se
atreve a aceptar el reto. No tiene nada que ver con alcanzar esta o la
otra posición social, sino con llegar a ser plenamente uno
mismo. Y eso nadie lo consigue en solitario. Necesitamos la ayuda de
Dios. Necesitamos la ayuda de los demás. El amor es la
fuerza
que nos eleva y nos da la razón de ser. Sin comprender esto,
es
imposible explicar el misterio de la comunión, fundamento de
la
Iglesia.
Querido señor Polanco: Nada más lejos de nuestra
intención que negar la legitimidad de la línea
editorial
en materia religiosa del Grupo Prisa. Después de todo,
“cuius regio, eius religio” (la religión
de un reino
es la de su rey) es una máxima que rige en la gran
mayoría de medios de comunicación, sustituyendo
quizá “confesión” por
“partido”.
Sólo le pedimos que respete la evidencia.
“Ratzinger”, en contra de lo que sostiene el editorial de
ayer de El País, no necesita expresar
“un proyecto para su
pontificado”, porque ya tiene uno y bien claro:
“Colaborador de la verdad”. En cuanto a eso de que
el Papa
“no está habituado” a manejarse en un
entorno de
“espíritu crítico”,
imaginamos que
será sólo una broma para alegrar un poco a sus
lectores.
A Habermas seguro que le haría mucha gracia.
Y ya que hablamos de “programas”, le recordamos
esta frase,
de la homilía de apertura de pontificado, repetida por
Benedicto
XVI en su discurso a los jóvenes en Colonia:
«Quien deja
entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada -absolutamente
nada- de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No!
Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida.
Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes
potencialidades de la condición humana. Sólo con
esta
amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera».
También va dirigida a usted. ¿Es eso lo que le
molesta?
¿Quizá por eso responde usted al Papa y a la
Iglesia
adoctrinando acerca de lo que se puede sostener y lo que no?
No se lo tome como una ofensa personal. No lo es. Es una
invitación a la vida. A la “vida en
abundancia”.
Fuente: analisisdigital.com |
Fecha: 20/08/05
Más
información:
|