El pensamiento del Papa Benedicto XVI, según el cardenal Ratzinger
Entrevista al Cardenal
Joseph Ratzinger
con ocasión del congreso de Teología Moral
celebrado en la UCAM (Universidad Católica de Murcia) en
noviembre de 2002 en la cual se refiere a los retos de la Iglesia.
La Iglesia ante el reto de la descristianización
Pregunta. ¿Piensa que la Iglesia, especialmente en el mundo occidental,
está preparada para afrontar el momento de
descristianización y de vacío de la fe tan grande que
hay? O, ¿todavía se da entre los hombres una
visión de cristiandad, y no de una Iglesia misionera?
Respuesta. Creo que, en este sentido, tenemos que aprender. Nos ocupamos demasiado
de nosotros mismos, de las cuestiones estructurales, del celibato,
ordenación de las mujeres, Consejos, derechos de los Consejos,
sínodos... Trabajamos siempre sobre nuestros problemas internos,
y no nos damos cuenta de que el mundo tiene necesidad de respuestas, no
sabe cómo vivir. Esta incapacidad de vivir del mundo se ve en la
droga, en el terrorismo, etc. Por tanto, el mundo tiene sed de
respuestas, y nosotros nos quedamos en nuestros problemas. Estoy
convencido de que si salimos al encuentro de los demás, y
presentamos a los demás de manera apropiada el Evangelio,
incluso los problemas internos se relativizan y se resuelven. Para
mí, éste es un punto fundamental: tenemos que hacer el
Evangelio accesible al mundo secularizado de hoy.
Ante la Navidad
Pregunta. Nos adentramos en la Navidad. Dios se encarna por medio de una Mujer.
¿Cómo se hace posible hoy la encarnación de Cristo
dentro de la Iglesia por medio de la mujer?¿Qué papel
tiene la mujer en la teología?
Respuesta. El tema exigiría una discusión larga. Es importante ver
que, en todos los períodos de la Iglesia, la mujer ha tenido una
visión muy grande e importante. Con Jesús estaban las
mujeres, con san Pablo y con los apóstoles estaban las mujeres.
Son muy poco conocidas las hermanas de los grandes Padres de la
Iglesia, que eran muy importantes para estas personas, con su
testimonio. Pensemos cómo la vida de san Jerónimo no se
podría pensar sin esa gran contribución de mujeres que
han aprendido hebreo y, naturalmente, griego con él, eran
mujeres doctas. Por ejemplo, si pienso en mi patria, la misión
católica fue fecunda en el momento en el que llegaron las
mujeres. San Bonifacio sabía bien que sin mujeres, sin las
madres y hermanas en la fe, la fe no podía tocar el
corazón. Por este motivo llamó a toda su familia, y
estuvo circundado de una familia de santas. Así en todos los
períodos de la misión han sido sobre todo las mujeres las
que, finalmente, han concretizado la maternidad de la Iglesia, y el
elemento femenino hizo amable a la Iglesia.
Pensemos en Iberoamérica, cómo sólo cuando se
apareció la Virgen en Guadalupe podía comenzar el camino
de la Iglesia en estos países. Cada período tiene su modo
específico de la contribución de la mujer. El ministerio
jerárquico está determinado por Cristo a su
fisonomía, mientras que la contribución de la mujer
pertenece al gran sector de la realización carismática de
la Iglesia, que no es menos importante que la jerárquica; es
mucho más pluriforme y exige mucha más creatividad, y
estoy convencido de que las mujeres de hoy tienen la creatividad
necesaria para ofrecer la contribución absolutamente necesaria
de la mujer.
Universidad
Pregunta. ¿Qué debe hacer una universidad católica,
portadora de la verdad de Cristo, para hacer presente la misión
evangelizadora del cristianismo?
Respuesta. Es importante que en una universidad católica no se aprenda
sólo la preparación para una cierta profesión. Una
universidad es algo más que una escuela profesional, en la que
aprendo física, sociología, química... Es muy
importante una buena formación profesional, pero si fuera
sólo esto, no sería más que un techo de escuelas
profesionales diferentes. Una universidad tiene que tener como
fundamento, la construcción de una interpretación
válida de la existencia humana. A la luz de este fundamento,
podemos ver el lugar que ocupan cada una de las ciencias, así
como nuestra fe cristiana, que debe estar presente a un alto nivel
intelectual.
Por este motivo, en la escuela católica tiene que darse una
formación fundamental en las cuestiones de la fe, y sobre todo
un diálogo interdisciplinar entre profesores y estudiantes para
que, juntos, puedan comprender la misión de un intelectual
católico en nuestro mundo.
El verdadero diálogo
Pregunta. Algunos interpretan a menudo el hecho de anunciar a Cristo como una
ruptura en el diálogo con las demás religiones.
¿Cómo es posible anunciar a Cristo y dialogar al mismo
tiempo?
Respuesta. Diría que hoy realmente se da una dominación del
relativismo. Quien no es relativista parecería que es alguien
intolerante. Pensar que se puede comprender la verdad esencial, es
visto ya como algo intolerante. Pero en realidad esta exclusión
de la verdad es un tipo de intolerancia muy grave, y reduce las cosas
esenciales de la vida humana al subjetivismo. De este modo, en las
cosas esenciales ya no tendremos una visión común. Cada
uno podría y debería decidir como puede. Perdemos
así los fundamentos éticos de nuestra vida común.
Pregunta. Ante la búsqueda actual de espiritualidad, mucha gente recurre a
la meditación trascendental. ¿Qué diferencia hay
entre la meditación trascendental y la meditación
cristiana?
Respuesta. En pocas palabras, diría que lo esencial de la meditación
trascendental es que el hombre se expropia del propio yo, se une con la
universal esencia del mundo; por tanto, queda un poco despersonalizado.
Por el contrario, en la meditación cristiana no pierdo mi
personalidad, entro en una relación personal con la persona de
Cristo, entro en relación con el Tú de Cristo, y de este
modo este yo no se pierde, mantiene su identidad y responsabilidad. Al
mismo tiempo se abre, entra en una unidad más profunda, que es
la unidad del amor que no destruye. Por tanto, diría en pocas
palabras que la meditación trascendental es impersonal, y en
este sentido despersonalizante. Mientras que la meditación
cristiana es personalizante y abre a una unidad profunda, que nace del
amor y no de la disolución del yo.
Pregunta. Este último año ha sido difícil para los
católicos, por el espacio que han tenido en los medios de
comunicación los escándalos atribuidos a sacerdotes.
Algunos han hablado de campaña contra la Iglesia. Usted,
¿qué piensa?
Respuesta. También en la Iglesia los sacerdotes son pecadores, pero estoy
personalmente convencido de que la permanente presencia de pecados de
sacerdotes católicos en la prensa, sobre todo en Estados Unidos,
es una campaña construida, pues el porcentaje de estos delitos
entre sacerdote no es, al menos, más elevado que en otras
categorías, o quizá más bajo. En Estados Unidos
tenemos noticias sobre este tema, pero menos del 1% de los sacerdotes
son culpables en este sentido. Es decir, la permanente presencia de
noticias en este sentido no corresponde a la objetividad de la
información y la objetividad estadística de los hechos.
Por tanto, se llega a la conclusión de que la realidad
está, manipulada, de que se quiere desacreditar a la Iglesia. Es
una conclusión muy lógica y fundada.
Diálogo interreligioso
Pregunta. ¿Cuál es la aportación de Juan Pablo II al diálogo interreligioso?
Respuesta. El Santo Padre ve su misión propia como una misión de
conciliación en el mundo, una misión de paz. Mientras en
el pasado, por desgracia, se daban guerras de religión, el Santo
Padre quiere mostrar que la justa relación entre las religiones
no es la guerra, no es la violencia, es el diálogo, y el intento
de comprender los elementos de verdad que se dan en las demás
religiones. El Santo Padre no pretende relativizar la unicidad de
Cristo, que es el Camino, la Verdad, y la Vida, pero quiere mostrar que
esta verdad sobre Cristo no puede anunciarse con violencia o poder
humano, sino sólo con la fuerza de la verdad. Y para eso se
requiere un contacto humano de diálogo y de amor, como hicieron
los apóstoles en la gran misión de la Iglesia antigua:
sin ningún poder mundano, con la fuerza de su convicción,
con el testimonio del sufrimiento, y con el testimonio de la caridad y
del diálogo convencieron al mundo antiguo. El Santo Padre trata,
simplemente, de renovar esta fuerza de diálogo y de amor de los
primeros siglos en la relación con las religiones.
Fidelidad y mentira
Pregunta. ¿Cómo mantener la fidelidad a la Iglesia y favorecer la
comunión, estando abiertos a que el Espíritu nos lleve
hasta la verdad completa.
Respuesta. Creo que es una cuestión, sobre todo, de la maduración de
la fe personal. Aparentemente fidelidad y apertura parecen excluirse.
Pero yo creo que la auténtica fidelidad al Señor
Jesús, y a su Iglesia, que es su cuerpo, es una fidelidad
dinámica, pues el mismo Jesús es idéntico consigo
mismo, y por otra parte esta identidad es de apertura para todos. La
verdad es para todos y todos están creados para llegar al
SeñoRespuesta. Sus brazos abiertos en la cruz simbolizan, para los
Padres de la Iglesia, al mismo tiempo la máxima fidelidad
–el Señor es clavado en la cruz–, y el gesto de
abrazo al mundo, para atraer el mundo hacia sí, y dejar espacio
a todos. Por tanto, una auténtica fidelidad al Señor
participa en el dinamismo de la persona de Cristo, que puede abrirse a
los diferentes desafíos de la realidad, del otro, del mundo,
etc. Pero, al mismo tiempo, encuentra de este modo su identidad
profunda, que no excluye nada que sea verdadero, sólo excluye la
mentira. En la medida en que entramos en comunión con Cristo, en
su amor que nos acepta a todos y nos purifica a todos, en la medida en
que participamos en la comunión con Cristo, podemos ser fieles y
abiertos.
Pregunta. Usted está en una atalaya desde la que se divisa un panorama de
conjunto. ¿En qué situación se encuentra
actualmente la comunicación ecuménica del concepto de
Iglesia?
Respuesta. En primer lugar, se nos dijo que si sólo hubiéramos
hablado del carácter único de Cristo, toda la cristiandad
habría quedado encantada con este documento, todos nos
hubiéramos unido en un aplauso a la Congregación.
«¿Por qué habéis añadido el problema
eclesiológico que ha creado esto?», nos han Pregunta.do.
Era necesario hablar también de la Iglesia, pues Jesús
creó este Cuerpo, y está presente a través de los
siglos a través de su Cuerpo, que es la Iglesia. La Iglesia no
es un espíritu que sobrevuela. Estoy convencido de que hemos
interpretado de manera totalmente fiel la Lumen gentium del Vaticano
II, mientras que en estos últimos treinta años hemos ido
atenuando el texto. De hecho, nuestros críticos, nos han dicho
que nos hemos quedado en la letra del Concilio, pero que no hemos
entendido el Concilio. Al menos, reconocen que somos fieles a la letra.
La Iglesia de Cristo no es una utopía ecuménica, no es
algo que hacemos nosotros; si así fuera, no sería la
Iglesia de Cristo. Estamos convencidos de que la Iglesia es un cuerpo,
no es sólo una idea, pero esto no excluye diferentes modos de
una cierta presencia de la Iglesia incluso fuera de la Iglesia
católica, que son especificados por el Concilio.
Pregunta. En la actividad inaudita del Santo Padre Juan Pablo II,
¿cuál será la contribución más
importante de este papado? ¿Cómo recordará el
cristianismo a este Papa?
Respuesta. No soy un profeta, por eso no me atrevo a decir qué es lo que
dirán dentro de cincuenta años, pero creo que era
sumamente importante la presencia del Santo Padre en todas las partes
de la Iglesia, que ha creado una experiencia sumamente viva de la
catolicidad y de la unidad de la Iglesia. La síntesis entre
catolicidad y unidad es una sinfonía, no es uniformidad. Lo
dijeron los Padres de la Iglesia. Babilonia era uniformidad, y la
técnica crea uniformidad. La fe, como se ve en
Pentecostés en donde los apóstoles hablan todos los
idiomas, es sinfonía, es pluralidad en la unidad. Esto aparece
con gran claridad en el pontificado del Santo Padre, con sus visitas,
sus encuentros. Pienso que algunos documentos serán importante
para siempre: quiero mencionar la Redemptoris missio, la Veritatis
splendor, la Evangelium vitae y también la Fides et ratio. Son
cuatro documentos que serán realmente monumentos para el futuro.
Por último, me parece que se recordará su apertura a las
demás comunidades cristianas, a las demás religiones del
mundo, al mundo profano, a las ciencias, al mundo político,
refiriendo todo a la fe y a sus valores, pero mostrando también
que la fe es capaz de entrar en diálogo con todos.
La herencia del Vaticano II
Pregunta. Se ha dicho que es necesario convocar un nuevo Concilio. Usted, ¿qué opina?
Respuesta. Ante todo, yo diría que es un problema práctico. No hemos
realizado suficientemente la herencia del Vaticano II; estamos
trabajando todavía para asimilar e interpretar bien esta
herencia, pues los procesos vitales requieren tiempo. Una medida
técnica avanza rápidamente, pero la vida tiene caminos
mucho más largos. Se requiere tiempo para que crezca un bosque,
se requiere tiempo para que crezca un hombre... De este modo, estos
caminos espirituales, como el de la asimilación de un Concilio,
son caminos de vida, que tienen necesidad de una cierta
duración, y que no se pueden recorrer de un día para
otro. Por eso creo que no ha llegado el momento de un nuevo Concilio.
Quisiera recordar algo que sucedió en el siglo IV, siglo de
grandes concilios. Cuando invitaron diez años después de
un concilio a san Gregorio Nazianceno a participar en un nuevo
concilio, dijo: «¡No! Yo no voy. Ahora tenemos que seguir
trabajando sobre el otro. Tenemos tantos problemas. ¿Para
qué queréis convocar inmediatamente otro?» Creo que
esta voz algo emotiva nos muestra que se requiere tiempo para asimilar
un concilio.
En el tiempo intermedio entre dos grandes concilios, son necesarias,
sobre todo, otras formas de contacto entre los episcopados: los
Sínodos en Roma, y en este sentido es necesario, sin duda,
mejorar el procedimiento, pues hay demasiados monólogos. Tenemos
que encontrar realmente un proceso sinodal, de un camino en
común. Después están los sínodos
continentales, regionales, etc. El trabajo efectivo de las Conferencias
Episcopales. El encuentro de las Conferencias Episcopales con la Santa
Sede. Nosotros, en la Curia romana, vemos en el transcurso de cinco
años a todos los obispos del mundo. Hemos mejorado mucho estas
visitas ad limina, que antes eran muy formales y que ahora son
auténticos encuentros de diálogo. Por tanto, tenemos que
mejorar estos instrumentos para tener un permanente diálogo
entre todas las partes de la Iglesia y entre todas las partes con la
Santa Sede, para llegar a una mejor aplicación del Concilio
Vaticano II. Y después veremos...
Fuente: conocereislavedrad.org |
Autor: Joseph Ratzinger | Fecha: 30/11/02Más información:
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