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Semblanza biográfica de Juan Pablo II

El Papa pensaba que una biografía era muchísimo más que la acostumbrada sucesión de datos, citas eruditas, cronología, etc. Debe estar presente en ella, decía, "el corazón de la persona, su alma, sus pensamientos". Y eso es lo que a mí me gustaría –ya sé que casi es un imposible– poner aquí negro sobre blanco: un poco de su alma. El alma de un hombre que se ha forjado en el sufrimiento, en el drama de una vida donde ha luchado siempre por la libertad de los hijos de Dios. Con alegría, con la mirada puesta en Nuestra Señora, con una fe consistente. Porque este es el aspecto más destacable de su vida: el amor a Dios. En él, y desde él.

Karol Wojtyla nace en Wadowice (Polonia), en 1920. Muy pronto morirá Emilia, su madre, y su hermano mayor Edmund. Comenzará su incursión en el teatro, y en 1938 se trasladará con su padre a Cracovia, para estudiar en la Universidad. Allí escribirá su primer libro de poesía, Salterio del Renacimiento. Una faceta suya que nunca abandonará y que me parece muy característica de su vocación, de su profunda vida interior. Tenía alma de místico. Pronto los alemanes invadieron Polonia, su patria. Daba comienzo la Segunda Guerra Mundial. Satanás estaba desatado. Y sigue escribiendo, y trabaja de picapedrero. Y muere su padre, y más dolor, y la Gestapo los persigue. ¿Hasta cuando? Seminarista clandestino, estudia mucho. Un compañero es arrestado y fusilado.

En 1945 el terror rojo sustituye al terror nazi. Pero el 1 de noviembre de 1946 es ordenado sacerdote. Ya nada volverá a ser lo mismo. Todo se sucede con rapidez. Estudios en Roma, primeras parroquias, otros libros, doctor en Teología, labor con las almas en largas excursiones. Afición a deslizarse por los ríos en Kayak. Llegará a participar en una competición internacional. Transmite un gozo extremo, una esperanza desafiante. Pese a las dificultades objetivas. Llega a ser catedrático de Ética en la Universidad Católica de Lublin. Pío XII lo nombra obispo con 38 años. Y comienza el Concilio Vaticano II, en el que participa desde el primer momento, e incluso escribe La Iglesia, un libro de poesía sobre el propio Concilio. Pablo VI lo nombra arzobispo de Cracovia y poco más tarde cardenal.

Pasan los años, con una tremenda actividad intelectual y pastoral. En sus libros, en su sede… y en Roma. Muere Pablo VI y muere Juan Pablo I. En la misa que Karol Wojtyla dirá en su memoria predica que el principal requisito de un Papa es el amor de Cristo. No sabía que justo ocho días más tarde él sería el elegido. Un Papa que nadie conocía, de una país eslavo. La sorpresa no fue tan grande como el milagro. Y la rotundidad de aquella voz que todavía resuena en nuestras almas: "¡No tengáis miedo!".

Y él no lo tuvo. Pese al KGB, pese a las continuas contrariedades en la Curia o en viajes complicados. El Buen Pastor va allá a donde le llaman. Es Cristo en la tierra y nada le atemoriza. Reza, escribe, confiesa, viaja sin parar, nombra nuevos cardenales… Remueve Roma con Santiago por el bien de las almas. Su elección y su primera visita a Polonia, provoca un terremoto social, dando lugar al movimiento Solidaridad. El Papa brega con Brézhnev. Desde Moscú se le ataca con rabia. Y el 13 de mayo Ali Agca le dispara en la plaza de San Pedro. Salva la vida por intercesión de la Virgen de Fátima. Y los milagros se suman en su vida de hombre enamorado de Dios, que le urge. Sigue con la misma actividad, acaso mayor. Con una entrega absoluta a la Iglesia. Habla de recristianización, de una necesaria santidad, de conversión, de una nueva primavera de la Iglesia. Así hasta el final, olvidándose de sí mismo, hasta su definitivo encuentro con Cristo. Y uno da muchas gracias a Dios por haberle conocido. Descanse en paz y que siga intercediendo por todos.

Fuente: elsemanaldigital.com  |  Autor: Guillermo Urbizu  |  Fecha:03/04/05

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Reproducimos a continuación la carta enviada por la Presidenta de Presencia Cristiana al Sr. Obispo de Córdoba el pasado 5 de abril expresándole sus condolencias por el fallecimiento de Su Santidad el Papa Juan Pablo II:

Sr. Obispo:

En nombre de la Junta Directiva y de todos los asociados de la Asociación Presencia Cristiana, y en el mío propio, deseo hacerle llegar nuestro más hondo pesar por la muerte de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, así como nuestra alegría, en la certeza de que el Santo Padre estará ya gozando de la Presencia del Señor.

Atentamente,


Felipa Mª Bautista Rubio
Presidenta de la APC

ASOCIACION PRESENCIA CRISTIANA
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