Carta SALVIFICI DOLORIS: El valor salvífico del sufrimiento (Actitud de Juan Pablo II ante la muerte)
ÍNDICE
I. INTRODUCCIÓN
II. EL MUNDO DEL SUFRIMIENTO HUMANO
III. A LA BÚSQUEDA DE UNA RESPUESTA A LA PREGUNTA SOBRE EL SENTIDO DEL SUFRIMIENTO
IV. JESUCRISTO: EL. SUFRIMIENTO, VENCIDO POR EL AMOR
V. PARTÍCIPES DE LOS SUFRIMIENTOS DE CRISTO
VI. EL EVANGELIO DEL SUFRIMIENTO
VII. EL BUEN SAMARITANO
VIII. CONCLUSIÓN
I. INTRODUCCIÓN
1. 'SUPLO en mi carne -dice el apóstol Pablo, indicando el valor
salvífico del sufrimiento- lo que falta a las tribulaciones de
Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia' [Col 1, 24]. Estas palabras
parecen encontrarse al final del largo camino por el que discurre el
sufrimiento presente en la historia del hombre e iluminado por la
palabra de Dios. Ellas tienen el valor casi de un descubrimiento
definitivo que va acompañado de alegría; por ello el
Apóstol escribe: 'Ahora me alegro de mis padecimientos por
vosotros' [Ibid.]. La alegría deriva del descubrimiento del
sentido del sufrimiento; tal descubrimiento, aunque participa en
él de modo personalísimo Pablo de Tarso, que escribe
estas palabras, es a la vez válido para los demás. El
Apóstol comunica el propio descubrimiento y goza por todos
aquellos a quienes puede ayudar -como le ayudó a él
mismo- a penetrar en el sentido salvífico del sufrimiento.
2. El tema del sufrimiento -precisamente bajo el aspecto de este
sentido salvífico- parece estar profundamente inserto en el
contexto del Año de la Redención como Jubileo
extraordinario de la Iglesia; también esta circunstancia depone
directamente en favor de la atención que debe prestarse a ello
precisamente durante este período. Con independencia de este
hecho, es un tema universal que acompaña al hombre a lo largo y
ancho de la geografía. En cierto sentido coexiste con él
en el mundo y por ello hay que volver sobre él constantemente.
Aunque san Pablo ha escrito en la carta a los Romanos que 'la
creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto' [Rom
8, 22]; aunque el hombre conoce bien y tiene presentes los sufrimientos
del mundo animal, sin embargo, lo que expresamos con la palabra
'sufrimiento' parece ser particularmente esencial a la naturaleza del
hombre. Ello es tan profundo como el hombre, precisamente porque
manifiesta a su manera la profundidad propia del hombre y de
algún modo la supera. El sufrimiento parece pertenecer a la
trascendencia del hombre; es uno de esos puntos en los que el hombre
está en cierto sentido 'destinado' a superarse a sí
mismo, y de manera misteriosa es llamado a hacerlo.
3. Si el tema del sufrimiento debe ser afrontado de manera particular
en el contexto del Año de la Redención, esto sucede ante
todo porque la redención se ha realizado mediante la cruz de
Cristo, o sea mediante su sufrimiento. Y al mismo tiempo, en el
Año de la Redención pensamos de nuevo en la verdad
expresada en la Encíclica Redemptor hominis: en Cristo 'cada
hombre se convierte en camino de la Iglesia' [Cfr. nn. 14, 18, 21, 22].
Se puede decir que el hombre se convierte de modo particular en camino
de la Iglesia cuando en su vida entra el sufrimiento. Esto sucede, como
es sabido, en diversos momentos de la vida; se realiza de maneras
diferentes; asume dimensiones diversas; sin embargo, de una forma o de
otra, el sufrimiento parece ser, y lo es, casi inseparable de la
existencia terrena del hombre.
Dado pues que el hombre, a través de su vida terrena, camina en
un modo o en otro por el camino del sufrimiento, la Iglesia
debería -en todo tiempo, y quizá especialmente en el
Año de la Redención- encontrarse con el hombre
precisamente en este camino. La Iglesia, que nace del misterio de la
redención en la cruz de Cristo, está obligada a buscar el
encuentro con el hombre, de modo particular en el camino de su
sufrimiento. En tal encuentro el hombre 'se convierte en el camino de
la Iglesia', y es éste uno de los caminos más
importantes.
4. De aquí deriva también esta
reflexión, precisamente en el Año de la Redención:
la reflexión sobre el sufrimiento. El sufrimiento humano suscita
compasión, suscita también respeto y a su manera
atemoriza. En efecto, en él está contenida la grandeza de
un misterio específico. Este particular respeto por todo
sufrimiento humano debe ser puesto al principio de cuanto será
expuesto a continuación desde la más profunda necesidad
del corazón, y también desde el profundo imperativo de la
fe. En el tema del sufrimiento, estos dos motivos parecen acercarse
particularmente y unirse entre sí: la necesidad del
corazón nos manda vencer la timidez, y el imperativo de la fe
-formulado, por ejemplo, en las palabras de san Pablo recordadas al
principio- brinda el contenido, en nombre y en virtud del cual osamos
tocar lo que parece en todo hombre algo tan intangible; porque el
hombre, en su sufrimiento, es un misterio intangible.
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Fuente: conferenciaepiscopal.es |
Autor: Juan Pablo II | Fecha: 11/02/84
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